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Fotografía de la exposición Retrats Paral·lels expuesta en el centro cívico Folch i Torres y comisariada por SomAtents

Retrats Paral·lels,
historias de vida del Raval

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El Raval es una trama de historias personales que se entrecruzan y se encuentran por sus calles. Si nos parásemos a escucharlas descubriríamos argumentos muy diversos y, quizás, inesperados. Estas historias nos acercan a la identidad de los vecinos, y la suma —y la interacción entre ellas— perfila la identidad del barrio. La exposición Retrats Paral·lels, que ha ocupado el espacio polivalente del Casal de Barri Folch i Torres desde el 15 de noviembre hasta el 10 de diciembre, y que ha producido e ideado SomAtents con el apoyo de Foment de la Ciutat — Raval Cultural, recoge las historias de vida de vecinos anónimos del barrio, que pasan por la calle Príncep de Viana, sede del colectivo periodístico SomAtents, y que se sientan en un pequeño escenario hecho con unas sillas y unas telas, en la misma acera. Allí explican su vida: quién son, cuándo llegaron al Raval y por qué, cómo ven el barrio… Al principio les cuesta superar las reticencias, pero después de tres sesiones los vecinos no solo se paran sino que nos presentan a conocidos que también tienen historias para explicar.

Retrats Paral·lels surgió como una idea sencilla y pequeña que se acabó haciendo grande. Como una apuesta emocional e ideológica por una forma de entender el periodismo en un barrio como el Raval, entre su ciudadanía. El periodismo no es solo escribir textos, también es una forma de interacción social, de acción directa que busca la visibilización de las historias y la emancipación de la ciudadanía. Y que lo hace con una mirada y un método, el periodístico, que a menudo ha bebido y bebe de la herencia de la etnografía como forma de preguntarnos por los significados ocultos en los relatos cotidianos de una comunidad.

Hace un año, cuando inauguramos la sede de SomAtents en el Raval, tuvimos la idea de sacar a la calle dos sillas,. Una grabadora y una cámara, y hablar con los vecinos del barrio. Nos interesaban sus historias y la fascinante vida que se articulaba en las calles que nos rodeaban. Es así como nació el proyecto. Después, con el paso de los meses, comenzamos también a buscar perfiles concretos, para tener la mejor representación de colectivos, género y razas posible. El proyecto ha servido para acercar el colectivo al barrio pero sobre todo para visibilizar las diferentes vidas del Raval y para sacar el periodismo a la calle y acercarlo a las personas. Hacerles entender que el periodismo no es eso que ven en la tele o escuchan en la radio; el periodismo también se puede ejercer en su misma calle, en la que llevan viviendo toda la vida.  El periodismo también son historias de vida y eso es lo que quisimos transmitir: hacer del periodismo algo cotidiano y una herramienta que los vecinos pudiesen usar. Sin el vecindario, el proyecto no hubiese sido posible.

 

Hacer visible lo invisible

Además de los doce retratos fotográficos y literarios de esta exposición, los periodistas y los fotógrafos del colectivo queríamos hacer visible alguna cosa más que los rostros del barrio y sus historias: por eso también hemos querido aludir, a través de seis lonas de gran formato que cuelgan de diversos balcones del barrio , a las preocupaciones por un entorno urbano a veces degradado, por la turistificación del Raval, por el problema de la vivienda o del paro y por la movilidad de los ancianos, temas que han sido extraídos de las entrevistadas mantenidas con los protagonistas de la exposición. 

Christopher Paul, de Wolverhamptom, vive en el Raval
© Estefania Bedmar

Me llamo Christopher Paul y soy de Wolverhampton. Hace dos años que vivo en el Raval. Ahora tengo 27

El Raval es mi sitio preferido de Barcelona. Vayas donde vayas ves gente trabajando o paseando, niños jugando por la calle. Es muy multicultural: mis vecinos son africanos, paquistaníes, indios, catalanes… Es muy diferente del resto de la ciudad. Hay una buena mezcla de culturas y estilos de vida. Había sido el barrio con peor fama, pero ya hace unos años que vive un proceso de transformación que, lamentablemente, parece que está echando a mucha gente autóctona. No pueden vivir donde nacieron porque el barrio de pronto  se ha puesto de moda. También pasa en otras ciudades europeas como Londres. Yo quiero vivir y ser feliz. Ahora planifico volver a la India.

 

Pari, de la Índia, vive en el Raval
© Helena Roura

Me llamo Pari, tengo 34 años y soy vecina del Raval desde hace seis años

Cuando llegué a Barcelona fue una época muy dura en que no tenía papeles. Entonces vivía en el Born, pero con la subida de los precios del alquiler y el crecimiento del turismo, toda la familia (mi pareja, nuestros hijos de 5 y 8 años y yo) venimos a vivir al Raval. Lo que me gusta de este barrio es que la gente está en la calle y conoces a tus vecinos. Somos una comunidad, no solo los inmigrantes, sino todos. Hay gente que dice que el Raval le da miedo, pero para mí es un barrio muy agradable: ¡me siento como en casa! Me recuerda mucho a la India, donde viví hasta los 6 años, cuando estalló por enésima vez el conflicto de Cachemira.

Aquí mis hijos juegan en la calle, y la escuela pública me gusta mucho (¡no entiendo por qué la gente se queja!). Si alguna vez hay algún conflicto en el barrio, les dijo que se trata de saber percibir qué pasa a su alrededor, y de respetar al prójimo y confiar en él. Lo peor es tener miedo. Aquí vivimos tranquilos. Barcelona tiene alguna cosa que engancha. Es un buen sitio para ser madre.

 

Pablo Montero, de Sevilla, vive en el Raval.
© Estefania Bedmar

Me llamo Pablo Montero, soy de Sevilla, hace cinco años que vivo en el Raval y tengo 29

Soy publicista, vine a estudiar un máster y me encantó el barrio y la multiculturalidad de toda Barcelona. No solo lo es el Raval, también el Born o el Gótico, por donde también me encanta pasear. Después del máster fui a vivir a Brasil un tiempo, allí descubrí cómo de duro es ser un inmigrante sin papeles. Y cuando volví decidí que viviría en el Raval, sobre todo por el mar… ¡y por todo lo que ofrece el barrio, claro! El mar es la condición por la que no vivo en Madrid. ¡Me gusta mucho ir a la playa con el perro!

En el Raval encuentras tiendas con frutas tan extrañas que ni sé cómo se llaman. Aquí todas las esquinas tienen ojos, para bien y para mal, y eso me recuerda a Sevilla. También que ves a los niños jugando por la calle, que hay callejuelas para peatones, con las madres sentadas en los bordillos charlando… es una realidad urbana más humana. Y aun se pueden tomar cervezas baratas, ¡como en Sevilla! Para mí el Raval es la comida china que te llevan a casa el día que no te apetece cocinar…

 

Fallou, de Senegal, vive en el Raval
© Estefania Bedmar

Me llamo Fallou y soy de Senegal. Llegué con mi madre hace 11 años a Barcelona, hace un año y medio que vivo en el Raval y ahora tengo 22

El Raval es un barrio muy animado, pero no tranquilo: la gente siempre está de arriba para abajo. Me gusta mucho. Tengo muchos amigos en Senegal que viven aquí. No siempre he vivido aquí, en el Raval. Estuve muchos años trabajando en el bar de una nave ocupada, hasta que el Ayuntamiento la desalojó. Me pareció bien, yo lo hubiese hecho antes. Siempre había peleas, y había gente que no salía del bar nunca: con poco dinero ahí tenías para todo, comida, bebida y droga… Te puedes acabar acostumbrado. Ahora mismo no estoy del todo contento porque no tengo trabajo, y no recomendaría a los senegaleses que viniesen para aquí, ahora. A mí me gustaría volver, tener una tienda para vender cosas, hacer realidad mis proyectos.

 

Rosa Beques, vecina del Raval
© Helena Roura

Me llamo Rosa Beques, tengo 74 años y soy vecina del Raval de toda la vida

Nací en la calle Carretes. Los gitanos de la calle de la Cera nos conocemos todos y siempre nos hemos ayudado, pero no somos un gueto. Siempre hemos hecho vida en la calle. Ahora el barrio ha cambiado mucho: no están los mismos comercios, y ya no se toca música ni se baila en la calle. Yo lo echo de menos, la verdad. El barrio quizá está un poco dejado, pero también es verdad que más limpio que antes. Lo que sí que hay son turistas. Cuando me casé, con 17 años, fuimos a vivir al Born, pero yo echaba de menos el barrio. Al final acabamos volviendo al Raval, y ahora que soy viuda, sigo haciendo vida en la calle, haciendo la tertulia con hermanas, amigas y cuñadas. Nos discutimos y nos queremos. ¡Y después, para casa! ¿Sabéis que mi padre era hijo ilegítimo de Alfonso XIII?

 

El Petitet, músico de rumba y vecino del Raval
© Estefania Bedmar

Soy El Petitet, músic y gitano de la calle de la Cera. He vivido toda la vida en el Raval, tengo 53 años.

A menudo vuelvo a la calle de los Salvador, aunque ya no viva allí. Voy un rato para ver la ropa tendida, las porterías. Mi escalera está igual que cuando yo nací, y aun hay a pie de calle una pequeña ventana por la que yo me colaba de pequeño para jugar. Recuerdo cómo llamábamos a los serenos para que nos viniesen a abrir la puerta por la noche. Nos daban una candela finita para subir porque no había luz en la escalera. Delante de mí vivía Peret y, a veces, nos hablábamos de balcón a balcón: “¿Qué haces, nen, cómo va?”, me decía.

Recuerdo los billares de la calle de la Cera, la barbería a la que íbamos todos, el bar de los gitanos… cuando yo era pequeño no teníamos tele en las casas, y yo bajaba con una guitarra a tocar con los amigos. En aquellos años había ruido en la calle, gente charlando, música… Ahora, para bien o para mal, el barrio ha cambiado mucho y, aunque muchos ya no vivimos aquí, aun venimos para encontrarnos casi a diario.

 

Pere Cuadrado, vecino del Raval
© Estefania Bedmar

Soy Pere Cuadrado, tengo 72 años y soy vecino del Raval desde hace 40

El Raval es un barrio multicultural, pero está estigmatizado. Es como un pueblo: los vecinos convivimos, no hay enfrentamientos. Mi vida ha sido el barrio y Barcelona, pero no la Barcelona del Mobile World Congress o la del Fòrum. En el Raval no se ven los beneficios del turismo, solo la miseria.

Barcelona, para los que han mandado en el Ayuntamiento, comienza más arriba de la Diagonal. Aquí en el Raval hay muchas casas que tienen la luz a 120 y los depósitos antiguos de agua. Dicen que el Raval es el barrio Chino, pero el sistema se lo cargó. Aquello sí que era un barrio alegre, lleno de vida. Ahora no, ahora queda un residuo de diez chicas que ofrecen su sexo. El barrio Chino está en la calle Tuset, en Les Corts, en el campo del Barça.

El Raval es un barrio pobre y yo también soy pobre. Hay unos alquileres desorbitados, las viviendas están masificadas, hay muchas vacías y la especulación está a la orden del día. Ya he intentado parar más de 300 desahucios y no me callaré. ¿Tú crees que a mi edad me tengo que callar?

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