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World Press Photo 2015

Fred Ramos, el retratista de los desaparecidos

— El jurado del World Press Photo 2014 le otorgó el primer premio en la categoría Vida Diaria por el fotoreportaje 'El último atuendo de los desaparecidos'

— Las ropas, aparte de la importancia que tienen para la identificación de los desaparecidos, le dan un valor humano a las cifras

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Un grupo de personas con batas blancas y guantes de plástico se mueve alrededor de una mesa de aluminio. Lupa en mano, observan con detenimiento una serie de huesos. Al fondo de la habitación, en una bodega, se apilan cajas de diferentes tamaños. Dentro de ellas hay ropas viejas, rotas, algunas manchas con sangre seca ya por el tiempo que llevan ahí guardadas. Una sudadera roja de marca POLO, un camiseta negra desmangada, un sostén rosa, un pantalón de chándal ocre con las típicas líneas blancas a los costados. Atuendos que se almacenan en las bodegas del Instituto de Medicina Legal (IML) de El Salvador. Son las ropas de algunos de los más de 2.500 hombres y mujeres asesinados en El Salvador en 2013. La mayoría, jóvenes de entre 15 y 19 años que un día salieron de su casa para no volver nunca más.

“El atuendo tiene un gran significado en los desaparecidos”, me dice Fred Ramos desde el otro lado de la pantalla, o quizá debería decir desde el otro lado del mundo. La conexión es débil desde El Salvador, pero suficiente para que Ramos explique porqué se fijó en el drama de los desaparecidos para la serie El último atuendo de los desaparecidos: “La idea era darle un valor humano a las cifras”, me cuenta. Eligió el retrato de los atuendos pues estos te hablan de la persona que eran justo antes de morir. “La mayoría son jóvenes. Eso se nota sin necesidad de saber su edad, solo por la manera en cómo vestían”.

Ramos nos cuenta que la idea nació un día en el que acompañó a uno de los reporteros del periódico digital para el que trabaja a una visita al IML para hablar con los antropólogos forenses. La esperanza que tenían era que a partir de ese fotoreportaje algún familiar reconociera a algunas de las víctimas y las fuera a reclamar. “ Yo, la verdad… quizá a lo mejor soy un poco pesimista, no lo sé, pero yo sabía que eso no iba a pasar”, confiesa Ramos. Sin embargo, el proyecto sí tuvo sus reconocimientos, como se ha visto en el World Press Photo 2014.

“No era la primera vez que trabajaba el tema de los desaparecidos”, cuenta Ramos . Ya antes había hecho otros dos fotoreportajes sobre el tema: La silla vacía y Los custodios de los huesos. Aun así, El último atuendo de los desaparecidos tiene la peculiaridad de que Ramos trabajó solo sobre la ropa de estas personas. “Vi el poder que se podía mostrar a partir de cada imagen. Cuando alguien desaparece, lo primero que se especifica en los carteles, además de su foto, es la ropa que llevaba en el momento de la desaparición. Los desaparecidos se manejan en general en base a cifras, que son frías y lejanas. La ropa en cambio le da un cierto toque de cotidianidad”, explica Ramos.

Cuando las autoridades esconden a los desaparecidos

Según el portal de la organización Insight Crime, las cifras de desaparecidos en El Salvador son poco accesibles y, además, poco fiables. Los últimos números que se encuentran en línea son del 2012, cuando se reportaron más de 1.500 casos de desaparecidos, según datos de la Policía Nacional Civil. A partir de ese año parece que las cifras empezaron a ocultarse, coincidiendo con el inicio de una tregua entre el Gobierno salvadoreño y las dos principales pandillas del país: la Mara Salvatrucha y el Barrio 18. Una tregua que redujo el número de homicidios hasta hace unos meses, cuando el nuevo Gobierno de Salvador Sánchez Cerén rompió la tregua.

“Cuando hice las fotos, la policía y la fiscalía daban cifras de cuántos desaparecidos había al año. Hace poco la policía anunció que ya no daría más datos sobre los desaparecidos. Esto quiere decir que quieren esconder la problemática. Saben que es una crisis y que no son capaces de responder a los familiares de los desaparecidos”, comenta Ramos.

Lo que sí se sabe es que, por ejemplo, en el tercer trimestre del 2014 en el país hubo 1.030 homicidios por violencia común, de los cuales un 36% fueron víctimas de entre 10 y 24 años. ¿Pueden estas cifras, que sí son públicas, soslayar de alguna manera el problema de los desaparecidos? “Sí, totalmente. Pero es que en la mayoría de los casos la desaparición es el primer paso para después comprobar que fueron asesinatos”, responde Ramos, quien además comenta que para él lo más preocupante es que siga sin existir en El Salvador una política para la búsqueda de desaparecidos.

– Aquí si denuncias en la policía que buscas a alguien que está desaparecido ellos no se lo toman tan en serio por el hecho que hay muchos casos de gente que reportan como desaparecida y después resulta que han migrado ilegalmente a EEUU o que se han fugado con sus parejas sin decir nada.
– ¿Hay mucho prejuicio por parte de las autoridades acerca de este tema?
– Sí, muchos. Además, muchos profesionales de Medicina Legal afirman que si llevan más de tres días desaparecidos es muy probable que haya sido un asesinato.
– ¿No ha dado ningún resultado entonces el trabajo que se ha hecho desde el IML y la fiscalía?
– Poco. Es muy difícil. A menos que seas una persona muy importante o conocida. Los casos que yo traté la mayoría son de jóvenes de comunidades en alto riesgo, en las afueras de la capital. Ellos no van a ser buscados con la misma exhaustividad. Nadie se preocupa por ellos.

La fotografía como herramienta de denuncia

Si uno busca a Fred Ramos en Google encontrará los diversos trabajos de fotoperiodismo que ha hecho, su serie ganadora en el World Press Photo y algunas exposiciones en las que ha participado, como por ejemplo la Getxophoto del 2014. Pero si se busca más allá de la primera “o”, se encuentra un elemento que parece extraño en comparación al resto: un portafolio de diseño.

– Estudiaste diseño gráfico, ¿cómo fue el paso hacia el fotoperiodismo?
– El paso de uno a otro no fue tan grande, porque la foto yo la traía ya desde antes. Es cierto que me gradué de diseñador gráfico, pero también hice un par de diplomados de fotografía en México. Digamos que ya tenía un recorrido fotográfico paralelo al diseño.
– ¿Y en qué momento decidiste dedicarte a la fotografía y dejar el diseño?
– Fue una conexión entre las dos disciplinas la que me permitió dar el paso, pero más que todo fue una decisión de decir: “Esto es lo que yo quiero hacer”. De hecho creo que en mi trabajo fotográfico se ve mucho la influencia del diseño. Mucha gente incluso me llegó a decir que El último atuendo de los desaparecidos parecía, de lejos, un catálogo de moda —comenta Ramos entre risas.

Su experiencia como fotoperiodista empezó en el 2013 cuando entró en el periódico digital salvadoreño El Faro. Este periódico se dedica sobre todo a los reportajes de investigación, a través de la sección Sala Negra, que recibió el Ortega y Gasset de Periodismo en el 2011. Ramos cuenta cómo la libertad que le han dado en El Faro le ha permitido sentirse cómodo con su fotografía: “En los medios tal y como están planteados en El Salvador no se puede hacer un buen trabajo de fotoperiodismo. Creo que a diferencia de El Faro no hay ningún otro medio en el país que esté haciendo algo parecido a lo que hacemos nosotros, de ir al lugar de los hechos y convivir con la gente”.

– Los trabajos de El Faro son usualmente en zonas de conflicto de El Salvador. ¿Crees que el trabajo de fotoperiodista es peligroso en el país?
– Todavía no se ha vuelto tan peligroso como en otros lugares. Sí asumes tus riesgos, pero todavía hay la libertad de publicar contenidos. Es peligroso en el campo de trabajo, pero ese peligro es el que sufren todos los ciudadanos, no solo los periodistas.
– ¿Alguna vez te has encontrado en una situación de peligro durante el trabajo?
– Recientemente publiqué un fotoreportaje en donde fuimos a Zacatecoluca, un municipio donde estuve estudiando la violencia que se vive, pero en ningún momento pasé una situación crítica en la que pusiera en peligro mi vida. Personalmente creo que uno debe asumir que está trabajando en un lugar de mucho riesgo y que en algún momento puede pasarte algo grave.

El fotoreportaje del que habla Ramos se titula La Guerra en La Paz, un recorrido por uno de los municipios más peligrosos del país, donde una lucha entre dos facciones de una misma pandilla ha llevado a que se registren 81 homicidios en menos de 10 meses. En la misma serie de fotos se relata también la historia de Felipe Guardado, un hombre al que encontraron herido de bala en medio de la carretera que lleva a la capital.

– En el primer momento, cuando me bajé del coche hice una foto. Ya después, cuando nos acercamos y empezamos a hablarle fue que entendimos que en realidad la persona iba herida gravemente. Por un momento me olvidé de hacer fotos, estaba bloqueado.
– ¿Qué pensaste cuando de repente te encontraste en la parte trasera de tu coche tratando de mantener con vida a una persona?
– En el momento uno no piensa mucho, sino que va ahí hablando y tratando de mantenerlo despierto; hasta después es que las emociones salen. Pues… no sé… nunca me había encontrado en una situación así, la verdad. En estos momentos te das cuenta del nivel de violencia que hay en el país, no solo por el hecho de que alguien le dispare a otra persona, sino porque cuando nos bajamos del coche intentamos pedirle ayuda a alguien que llevara un automóvil más grande, para que fuera más cómodo, pero nadie se detuvo. Ahí comprendes que la violencia es tan grande que la gente incluso tiene miedo de ayudar al otro.

Al día siguiente de esto, Ramos cuenta que se sentía inexplicablemente feliz y con muchos ánimos de trabajar: “En un momento de descanso del día aproveché para llamar al hospital de Zacatecoluca y preguntar por Felipe Guardado. Me dijeron que lo habían trasladado a la capital, lo que significaba buenas noticias para mí, pues quería comentarle que le había tomado unas fotos y así saber si me daba permiso de utilizarlas”. Sin embargo, Ramos recibió más tarde una llamada de un número desconocido. Cuando contestó, resultó que del otro lado de la línea telefónica hablaba un señor que se identificó como el padre de Felipe Guardado. Ramos explica que cuando lo encontraron herido en la carretera llamaron a un número que él les había dado, para avisar de lo que había pasado: “Fue la hermana de Felipe la que me contestó. No nos creyó, pensó que todo era una broma. Entonces mi número seguramente quedó registrado en su teléfono y a los dos días me estaba llamando su padre, porque quería saber quién había hablado. Yo le conté todo lo que había pasado y él me dijo que Felipe había muerto. Entonces fue cuando sentí que todo se me venía abajo, porque esa persona a la que yo había fotografiado unos días atrás ya no estaba en esta vida, a pesar de todo lo que hicimos. Fue muy duro”.

Edición a cargo de Gerardo Santos y David Vidal.

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