SomAcció


La exposición 'Retrats Circulars', de SomAtents y el AEIG El cau del Besòs, retrata el barrio del Besòs a través de la mirada de cinco adolescentes que han vivido allí toda la vida.

Retratos circulares
del Besòs

Tweet about this on TwitterShare on Facebook0Google+0Share on LinkedIn0

El barrio del Besòs de Barcelona está encajonado entre el mar y el río que le da nombre, como si la gran Barcelona —la cosmopolita, la de los turistas, la de las plazas con tiendas de verdura ecológica— viviera tranquila dándole la espalda. Para los barceloneses de otros barrios y los visitantes eventuales, el Besòs puede ser solo un montón de cemento arrinconado. Los vecinos del barrio tienen la mitad de recursos que la media de sus conciudadanos, y las familias de los barrios más ricos —Pedralbes, Les Tres Torres— tienen hasta un 250% más de dinero que las gentes del Besòs. Entre tanto número, hay personas y familias que viven allí y que tienen una mirada sobre el barrio que habitan. Jona, Tania, Álex, Joaquina y Nico viven en el Besòs desde siempre. Tienen entre 15 y 17 años, son chicos del Cau del Besòs, un proyecto de educación en tiempo libre que se levantó hace 5 años en el barrio. Es muy probable que en pocos años sean monitores de chavales pequeños, pero sus inquietudes son las de un adolescente cualquiera. Embrollos con los estudios, perspectivas y planes de futuro, conflictos emocionales, dedos que se deslizan inquietos por la pantalla del móvil. Son la esencia de Retrats Circulars, un proyecto fotográfico en el que han enseñado cómo ven su barrio a través de cámaras de usar y tirar. El texto que sigue es una conversación entre ellos, en la que hablan de cómo se vive en el Besòs, de los tópicos insoportables, de la elección entre esperanza y desencanto y del proceso de sumergirse en ellos mismos para ver qué esquina del barrio se les clava más profunda.

 

— Después de haber hecho todas las fotos, el barrio es el mismo. Y mi opinión sobre el barrio también… No ha cambiado.
— Es complicado…
— Yo a veces tengo una visión buena y otra mala, por todos los problemas que hay: las drogas, la policía, las peleas de los gitanos…
—Yo no lo veo así.
— Claro, tú vives en Sant Martí.
— ¡Yo no vivo en Sant Martí! No todo es así, quizá sí que hay gente que se droga, pero como en todos los barrios. Puede que aquí se vea más, o que todo el mundo lo sepa, pero no es nada que no exista en otras partes. La gente fuma, bebe… ¿Y qué pasa? Siempre miramos la parte negativa de todo, también aquí suceden cosas buenas que no suceden en otros barrios.
— A mí me gusta mi barrio. Están mis amigos, mi vida. Pero es verdad que hay muchos conflictos.
— A mí no me afectan esos conflictos.
— A mí me han vendido droga por la calle muchas veces.
— ¡Es que vosotros vivís en La Mina!
— Claro, yo vivo dentro de La Mina. Me toca todo mucho más de cerca.
— Yo nunca voy solo por La Mina.
— Si te ven un poco indefenso, tontito o lo que sea lo tienes un poco mal, yo creo. O sea, no es que te traten fatal pero sí que te arriesgas un poco a que te pase algo. Sobre todo si te ven tonto o indefenso…
— ¿Como a ti?
— A mí no me pegan, a mí me dan la mano porque vivo allí.
— ¿Te crees el rey del barrio o qué?

***

— En mi casa sólo se habla bien del barrio, con orgullo.
— En mi casa no, en mi casa se habla mal. De todas las peleas, de la droga y de que si han matado a algún tío de un navajazo… ¿Qué quieres? Al final te llevas una mala imagen del barrio, yo creo que es normal.
—Pero al final, por cuatro personas que hagan esto… Yo no quiero que cambies de opinión, pero si te pones a generalizar, al final parece que no haya gente buena en el barrio, y eso es mentira. La mayoría de la gente es buena, y hay unos cuantos que montan los jaleos, las peleas, el tráfico de drogas, los navajazos y todo esto… Pero hay mucha gente buena aquí.
— La gente ayuda más a las otras personas porque saben que lo necesitan. En otros barrios tú vas por la calle,  ves a gente pidiendo y nadie les mira, nadie les hace caso. Yo creo que aquí se ayuda más a la gente que lo necesita. La gente se conoce más.
—Los vecinos, si quieren algo, se unen. Luchan por lo que quieren, hay ese sentimiento de conseguir las cosas juntos.
— Puede que sea verdad esto, pero yo cuando tenga edad para irme de casa me cambiaré de barrio. Lo tengo clarísimo.
— Yo no lo sé. Antes lo tenía muy claro, pero ahora…
— Es que no me siento a gusto en este barrio. A mí me ha pasado muchas veces: son las tres de la tarde y bajas a jugar a fútbol. Se te asoma uno: ¿qué haces pegando pelotazos? Gritos, siempre gritos. Te amenazan con llamar a la policía. Y luego, si lo hacen los gitanos, todos con la boca cerradita. No me siento a gusto, ¡me quiero ir! Con los gitanos se les cierra el culo, saben que son de los Manolos o de familias así. La mitad de la gente vive con miedo. Como toques a uno de los Manolos ya te puedes ir pitando del barrio. Prefiero vivir en un sitio más tranquilo, en un pueblo. Que no haya tanta gente, quiero ver a gente mayor caminando tranquilamente por la calle…
— Aquí la gente mayor también camina por la calle, eh.
— Pero no es lo mismo, ¿sabes? En un pueblo solo hay gente mayor, no se grita, hay silencio, se escuchan los pájaros… Me sentiría más feliz.
— Oye, que esto no es una película, eh.
— A mí me da igual lo que pienses. Eso es lo que haré yo.
— Yo creo que quizá me iría a vivir fuera de aquí, pero tampoco me alejaría mucho. Me iría a Sant Martí o al Clot, pero tampoco me iría a la otra punta de la ciudad.
— Ya, yo igual. Como mucho Guinardó, pero a Sants tan lejos por allí no me iría.

***

— Si queremos dar una vuelta nos vamos a Plaza España, o al Diagonal Mar.
— Mi cole está en La Sagrera y mis amigos son de por allí, yo quedo allí con ellos.
— Una vez llevé aquí a una amiga mía y al principio estaba cagada. Luego vino y ya vio que no había para tanto, pero siempre hacía la broma del “ay que me rajan”. Pero la he llevado a los sitios que molan del barrio y le ha gustado.
—Yo quedo en el barrio con mis amigas que viven aquí, pero la gente que no es del barrio nunca la traigo. Tampoco por esconder ni nada, simplemente no ha pasado nunca.
— Con los amigos que son de fuera, a veces les traigo aquí o a veces voy yo a sus casas.
— La gente se imagina el barrio de otra forma, como si no fuera tan malo. Pero yo vivo aquí desde pequeño.
— Los que vienen aquí y nunca habían venido, se cagan. Se cagan de miedo.

***

—En mis fotos del barrio sale la parte buena y la parte mala. La mala son los contenedores, la basura, las cosas feas. Pero también enseño el buen ambiente, la residencia de abuelos, el campo de fútbol…
—Yo enseño lo que veo en mi día a día. El otro día, cuando vimos aquellos reportajes sobre el barrio, no salía esta parte que yo conozco.
—Yo enseño lo que hay. Lo que vivo todos los días, lo que pasa aquí en un día normal. En las noticias salen cosas específicas un día concreto, no lo que pasa todos los días. Porque no matan a gente todos los días, eso está claro.
—Yo enseño todo lo bueno que nadie quiere enseñar.

***

—Aquí, de cine, tenemos solo el Diagonal Mar. Pero no hay oferta, falta un casal de jóvenes. Hay un casal de abuelos, cosas para niños pequeños, pero para jóvenes no hay nada. Falta tejido social en ese aspecto.
—Nadie que sea de otra parte de Barcelona vendrá aquí a hacer algo que no pueda hacer en su barrio.
—Aquí hay fiestas mayores. Yo he estado alguna vez, está bien.
—Yo he visto la fiesta pasando, pero no me he quedado nunca allí.
—Sí, allá donde el campo del Pujades.
—Pero en La Mina no mucho, se hace más tirando para el Besòs. En La Mina no hay fiestas, como mucho los petardos en San Juan.
—¡Ayer fue la noche joven!
—¡Sí!
—Pero si tú no fuiste…
— Ah, pero yo estuve de fiesta ayer.
— Tampoco había mucha gente. Terminaba a las tres o así, yo llegué a casa a las tres. Lo montábamos nosotros, la asamblea del barrio, terminó a las dos pero llegué a casa a las tres porque teníamos que recogerlo todo. Pero no tiene nada que ver con otras fiestas de barrio. Hace dos semanas, en la plaza del Nen de l’Aro del Guinardó estaba todo a petar. Ayer no había tanta gente ni de coña.

***

—Seguro que el barrio irá a mejor. Está mejor que hace unos años.
—Irá a peor. Estamos en la misma mierda. Totalmente. Ahora hay más delincuentes que antes.
—¡Qué va!
—Ni de coña.
—Yo creo que ha mejorado un poco, que hay ciertas cosas pero no es tan descarado. No te encuentras las peleas por la calle. Antes decían que era porque había más policía, pero yo creo que la gestión de espacios tiene mucho que ver.
—Yo tengo entendido que el barrio ha sufrido bastante por culpa de la crisis.
—Eso seguro.
—Por eso van al SOP o cómo se llame, el SIOR.
—Tú hablas del SOC.
—No sé, una oficina que te ayuda a encontrar trabajo. Está debajo de mi casa y siempre hay mucha gente, muchas colas.
—Antes había muchos desalojos, hace unos pocos años, ahora ya no hay tantos. Mis padres fueron a un sitio para que no desalojaran a una familia. No sé cómo se llamaba la organización ni nada, pero iban todos a la puerta del edificio y se ponían allí para que la policía no pudiera echar a la gente de su casa.
—Bueno, luego sino vendrán los okupas. ¿De qué sirve evitar los desalojos?
—Son dos cosas distintas que no tienen nada que ver…
—Arriba de mi casa hay okupas. Se meten por todos sitios. ¡En todo el barrio!
—¿Y por ser okupas son mala gente?
—No lo sé, nunca he hablado con ellos, pero todo mi edificio está lleno de okupas.
—Pero no es lo mismo ocupar porque no tienes dinero que porque quieres. Imagínate que te quitan la casa porque no puedes pagarla ¿Te irás a vivir debajo de un puente? Hay gente viviendo en casas vacías que son de los bancos y las ocupan. Me parece bien, no es lo mejor, pero si tienes hijos, ¿qué vas a hacer?

***

—Hay muchos negros y moros, cada vez más. Por una parte lo veo bien y por otra mal. A mí, que vengan me da igual. Mientras no consuman drogas…
—¡Qué obsesión que tienes con las drogas!
—Y lo malo es que ellos vienen aquí y no pasa nada, pero como nosotros intentáramos entrar en su país, ya verías… No me parece justo.
—¿Pero tú crees que ellos quieren venir?
—¿Qué te piensas? ¿Que vienen de vacaciones?
—No, vienen a buscar trabajo, ya lo sé. Necesitan dinero.
—Pues ya está, si tu estuvieras en su situación harías lo mismo. Si la gente de aquí ya lo hace, se va a Inglaterra a trabajar porque aquí no hay trabajo. Y si tú lo necesitaras, seguro que te gustaría que te acogieran bien en otro sitio.
—A mí lo que me jode es que haya gente aquí que estudia cinco o seis años y luego venga uno que lleva toda la vida sin estudiar y se quede el trabajo.
—Eso es porque los jefes saben que pueden pagarle menos. No es culpa suya, es culpa del que paga, porque le puede pagar menos y no hace falta ni que le haga seguros. ¡Y tú qué sabes si no ha estudiado nunca!
—¡Claro! Es culpa de la gentuza que contrata a gente ilegal porque sabe que cobra menos y no tiene otra opción. No nos roban trabajo. Son los jefes de aquí que les contratan, es culpa de los jefes.
—Bueno, pero viene uno de fuera y se queda el trabajo, y el resto aquí estudiando no sé cuántos años y nada, sin trabajo.
—Pero no es culpa de los que vienen, es culpa del que quiere darle trabajo a alguien de fuera para pagarle menos dinero.
—Además, tú antes decías que te quieres ir del barrio. ¿Por qué ellos no pueden irse de su país y en cambio tú sí que puedes cambiar de barrio?
—Imagínate que vas a otro barrio, te dan trabajo cobrando poquísimo y además se enfadan contigo porque quitas el trabajo a la gente de otro barrio. ¿Te parecería justo?
—No es lo mismo.  Para ellos, esto es el paraíso.
—Y para ti otro barrio sería el paraíso. Dices que no te gusta el barrio, para ti el barrio es un infierno, y otro sitio sería el paraíso. ¿Por qué tu puedes mejorar y ellos no?
—No sé, es mi opinión. Puede que la culpa sea de los políticos.
—Pero a ver, tú imagínate que vas a vivir a otro barrio, que tienes todo el derecho del mundo, y te dicen: no, aquí no te queremos, que eres de La Mina y me vas a pinchar. No es justo.

Retrats Circulars se inaugurará el sábado 2 de julio a las 18h en la Biblioteca Font de La Mina

 

Corrección ortotipográfica por Helena Roura
Fotografía y edición por Estefania Bedmar y Cristina Garde

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *