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¿Os imagináis...
un concurso público?

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Por David Vidal

¿Os imagináis que, como respuesta al nombramiento como jefe de informativos de TV3 que hizo la mayoría parlamentaria, este profesional escogido —“de reconocido prestigio”— hubiese declinado el ofrecimiento y hubiese dicho que, como periodista independiente y crítico, no podía asumir los planteamientos de tutela política con los que se gestionan los cargos de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA)? ¿Que, tal y como dice la denuncia presentada delante de Consejo de Europa por el Sindicat de Periodistes de Catalunya (SPC) el pasado 28 de febrero, “no se puede considerar la dirección de los medios públicos como un eslabón más en la cadena de dirección política”, que como tal se tiene que cambiar cada vez que cambia un gobierno? Los recientes nombramientos para los cargos directivos de la CCMA han reabierto el debate sobre la orientación ideológica de la radiotelevisión pública catalana, y de hecho, de toda la ‘Corpo’ —es necesario añadir la Agència Catalana de Notícies (ACN), que precisamente esta semana ha hecho público el nombre de su nuevo director, Marc Colomer, a las emisoras de radio y las cadenas de televisión—. Parece que el país ha asumido como normal la dependencia partidista de estos nombramientos, equiparando pluralidad parlamentaria en el consejo de la Corporació con pluralidad periodística, cuando lo que hace falta es total independencia del parlamentarismo político en los procesos de convocatoria y de concursos públicos, que deberían hacerse bajo criterios estrictamente profesionales. Asimismo, también se echa de menos estos días posicionamientos públicos más decididos y claros de algunos que años atrás no tenían problemas en posicionarse sobre este tema, como si ahora que son “de los nuestros” no hiciese falta, más que nunca, avanzar hacia un periodismo independiente y garantizar el derecho a la información de calidad, contrastada y plural que recoje el artículo 52 del Estatut.

—¿A quién pondrán a hacer el Matí?
—Suena la Terribas.
—Claro, una portavoz del régimen.
—Pues yo creo que está bien que al frente del programa más importante de la radio pública esté alguien que represente lo que piensa la mayoría de la gente.

Esta es una conversación real entre dos trabajadores cualesquiera de la radiotelevisión pública catalana en algún momento de 2012.

En 2016 algunos (pocos) trabajadores y extrabajadores de la tele pública como Carles Bosch levantan la voz para decir que la tele pública está “teledirigida por una ideología”, que la telel está “apostando por una cosa y dejando al margen, como mínimo, como mínimo, al 50% de la población” y algunos actuales trabajadores desde los comités profesionales y de empresa siguen denunciando que los directivos de radio y de tele llegan a sus cargos fruto de un reparto entre los principales partidos. “Creo que hay una razón política detrás del despido de los 200 trabajadores más antiguos de la tele –decía Bosch–. Somos los que más apostamos por una televisión pública como se merece, realmente pública y no teledirigida por una ideología… Hablo con excompañeros que aún trabajan en la casa y algunos están horrorizados. Hay otros que me dicen son muy plurales… a mí no me parecen plurales. Otros me dicen: “quizás tienes razón, pero tenemos que compensar lo que hacen las otras televisiones” y a mí este argumento tampoco me sirve. Si algún día estamos por la independencia, tenemos que demostrarle al mundo que somos más demócratas que el estado del que nos queremos separar”. En este mismo sentido, el SPC y la Xarxa pel Dret a la Informació lamentaron en diversos comunicados a lo largo de 2015 y 2016 la ausencia de neutralidad en los planteamientos editorializantes de diversos programas informativos, comenzando por el propio TN.

Estos días, con el nombramiento de Jaume Peral, David Bassa, Saül Gordillo y Marc Colomer para las direcciones de TV3, de los informativos de TV3, de Catalunya Ràdio y de la ACN, respectivamente, este debate ha vuelto a calar. Estamos en un momento clave para el país, dicen los que gobiernan, el mundo nos mira y hay que hacer las cosas bien hechas. Pero la concepción de que los medios públicos son del partido o la coalición que está en el gobierno siguen más vigentes que nunca, ofendiendo al sentido vocacional de los trabajadores de la corporación pública y erosionando el derecho a la información de la ciudadanía. Cuando estas acusaciones llegan a algún conseller, al propio president o a los propios cargos directivos, los argumentos en contra los siguientes:

  1. Los medios públicos son líderes de audiencia (lo dijo el propio president hace poco a El Periódico de Catalunya obviando que Catalunya Ràdio está muy lejos de serlo desde hace tiempo) y, si son líderes, será porque dan a la gente lo que quiere.

  2. Es el Parlament el que designa los cargos del Consell de Govern de la CCMA, que son los que deciden quien mandará en TV3 y en Catalunya Ràdio. Por tanto, no son designaciones políticas (sic).

  3. La calidad profesional contrastada de sus trabajadores garantiza que no hay ningún interevencionismo político.

  4. En los medios catalanes hay más pluralidad que en los españoles.

  5. Si desde Catalunya no hacemos contrapeso a lo que llega desde Madrid, nos borrarán del mapa (o alguna cosa similar expresada de maneras diversas).

Vayamos por partes.

  1. La audiencia es un aval al trabajo hecho, eso está claro, pero no es un termómetro de buena o mala calidad. En Catalunya, TV3 a menudo compite con fenómenos como Gran Hermano o Tu cara me suena por ese liderazgo y aunque la tele pública es líder aproximadamente con un 12% de audiencia, Antena3 con un 11% y Telecino con un 10% son también importantes y sumadas, de hecho, dejan a la televisión pública muy lejos. La conclusión es que la minoría más grande que ve la tele, es la que mira TV3. La minoría más grande.

  2. Que el Parlament designe unas personas afines a los partidos (miembros del consejo de gobierno de la CCMA, tres representantes de CiU, uno del PP, uno del PSC y otro de ERC) que designan a su vez unos cargos para dirigir los medios con criterios desconocidos no es un aval de la independencia de estos cargos. Es simplemente una translación de los equilibrios parlamentarios a los medios públicos. No existe un concurso público en el que se contrasten los currículums de profesionales que optan al cargo, no hay un tribunal profesional que escoja la persona más indicada, no hay criterios profesionales claros y públicos en la elección de las personas; estos cargos no tienen mandatos de 3 o 5 o 6 años, desvinculados de los ciclos electorales normales, si no que cambian inevitablemente con cada cambio de gobierno y de correlación de fuerzas en el Parlament.

  3. La calidad profesional de los trabajadores de los medios públicos es seguramente lo que menos en duda se pueda poner. Lo que también está claro es que el poder de influencia de los trabajadores en las decisiones importantes es prácticamente nulo. Quien decide las parrillas no son los trabajadores, quien decide quién presentará un programa (y lo editorializará) no son los trabajadores, quien decide el 90% del contenido de la tele y la radio públicas no son los trabajadores públicos. La mayoría de programas los presentan/elaboran empresas externas, con trabajadores propios y quien los programa son los directivos. La capacidad de intervención de los trabajadores en lo que sale ‘al aire’ es limitada. Cabe decir, para ser justos, que esta situación ha cambiado en los últimos años. Con los recortes, la CCMA ha tenido que reducir el gasto en productoras externas y ha tenido que dar más trabajo a los trabajadores propios y los directivos, algunos, empiezan a salir de la propia ‘Corpo’.

  4. La pluralidad en los medios públicos catalanes en contraposición con los españoles es un hecho prácticamente incontrovertible. El problema es que esta pluralidad se expresa en un tertuliano “del otro bando” en cada tertulia, en entrevistar a los líderes de los partidos “constitucionalistas” periódicamente y en hacer noticas de los partidos “no-afines” igual (sic) que de los “afines”. La carencia de pluralidad, pues, no la marcan estos indicadores. La marca el tono que en las entrevistas mantienen los periodistas según el color político, el lenguaje gubernamentalizado que ya ha quedado integrado como si fuese normal (‘mandato democrático’, ‘proceso’, ‘la libertad de Catalunya’), en enfoque de algunas informaciones determinadas en las que el “ellos” y el “nosotros” está marcadamente presente o simplemente la decisión de los temas sobre los que se informa.

  5. Finalmente, y este argumento es el mas antiperiodístico a la par que uno de los más utilizados, mucha gente desde dentro y fuera de los medios públicos encuentra legítimo y necesario que TV3 y Catalunya Ràdio (pero sobre todo TV3) ejerzan como contrapeso al bombardeo político que no se puede negar que llega desde el aparato mediático del resto del Estado. Es el argumento que da tranquilidad a los entregados, incluso periodistas. Este argumento admite implícitamente que se utiliza el medio políticamente y lo defiende, alegando que hay un enemigo muy poderoso que ataca. En ningún momento aparece reflexión alguna sobre deontología, honestidad profesional o simple ética del día a día. La defensa de la patria delante de una estructura hostil es argumento más que suficiente para no mirarse el ombligo.

La conclusión de todo esto es que los medios públicos catalanes están politizados, que a los partidos políticos ya les va bien, que a algunos trabajadores también, que los otros no tienen poder para decidir lo contrario y que el debate periodístico no está presente, sino que lo que existe es un debate político: utilizar los medios, sí o no.

Desde las tribunas políticas y de los altos directivos de los medios, nadie acepta que las leyes que deben regir la práctica del periodismo no son las de la mayoría. Seguramente, el periodismo no ha de ser ni tan siquiera democrático. El periodismo no tiene que estar regido por el designio de la mayoría (mayoría que, además, no está claro que exista en Catalunya). El periodismo tiene su propio código. El periodismo ha de ser honesto, personal, reflexivo, ético, riguroso, contrastado, cuidadoso, analítico, informado pero nunca debería ser la expresión del sentimiento de la mayoría. Como mucho, debería sentarse lejos, observar tranquilamente y explicar que aquella pequeña mayoría dice lo que dice.

Estaría bien que ahora que todo el mundo nos mira, y que tenemos un presidente y una primera dama periodistas, diésemos pasos decididos hacia aquí. No albergamos dudas de que, de aquí a unos años, cuando se explique cómo se hacían los nombramientos de los cargos de responsabilidad directiva de los medios públicos años atrás, los alumnos de las facultades se llevarán las manos a la cabeza y pensarán: suerte que ya no se hace así. ¿Os imagináis que aun se haga así?

Traducción al castellano por Gerardo Santos

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