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SomAtents entrevista a Svetlana Aleksiévich, premio Nobel de Literatura 2015, durante la Fira Literal

La voz
del otro

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Busco la voz del otro, el otro es el que me da, me regala, me ofrece su historia, generosamente, y me cambia como persona. En ese encuentro, en ese minuto cero, empieza el relato periodístico, que es suma de la palabra ajena y también de la propia, y que tiene como intención inconfesada que el lector, usted, se detenga, piense o se ría o quizá, incluso, lea otra manera de vivir, de entender o de afrontar la vida diferente a la suya; quizá le lleve a reflexionar cómo la vive.

Svetlana Aleksiévich, premio Nobel de Literatura, se presenta como periodista de investigación y en esa presentación marca las reglas del juego: es la investigación periodística la que la lleva al encuentro: la voz del otro es tratada con rigurosidad, con respeto, con honestidad, haciendo un ejercicio en el que la periodista busca las voces de los hechos y se desprende de estereotipos y juicios.

Este es un encuentro difícil, para ambos. Las expectativas también son distintas.

Para la periodista, desprenderse de las máscaras propias es terriblemente difícil. Escuchar al otro, en su totalidad, intentando comprender para poder explicar es complicado. Para el que cuenta, explica, habla, el periodista es ese ser que viene y se irá cargado de palabras: de mis palabras.

¿Qué escribirá? ¿Cómo? ¿Cómo me tratará? ¿Me traicionará?, se pregunta uno.
¿Me habrá mentido? ¿Lo he entendido bien?, se pregunta el otro.

A Svetlana Aleksiévich la entrevistaremos el sábado y hablaremos del encuentro y de la voz del otro y de la voz de uno: de periodismo.

Nuestro encuentro nos permitirá formularle preguntas sobre cómo es su manera de trabajar, sobre cómo empalabra al otro y cómo narra el dolor del otro haciendo que el dolor pase a ser de todos.

Muchas veces explicamos que el periodismo visibiliza lo invisible. Aleksiévich visibiliza incluso la radiación nuclear: inodora, insípida, inmaterial, intangible, pero presente. Tan presente que lo cambia todo (hombre, mujer, naturaleza), tan presente que cambió la historia del mundo, tan presente que nos cambió a todos aunque lo hayamos olvidado. Ella, la periodista, no ha olvidado: investiga las mentiras, va al lugar y busca las voces. Construye un coro de voces que denuncian aquello que muchos sabían, intuían, pero que solo las voces disidentes se atrevían a hacer pancarta, rumor, murmullo.

La periodista va más allá: hace de las voces de Chernóbil (y de las mujeres que han vivido guerras y de los combatientes) periodismo y la denuncia se hace pública, se amplía, se convierte en palabra periodística, en discurso, en narración.

Svetlana Aleksiévich sigue el mismo método que Gabriel García Márquez, periodista, escritor y también premio Nobel.

Ambos van, viven, lo cuentan.

El ir y vivir hace que el hecho no se explique sin el contexto. El contarlo, “como si fuera un cuento”, diría García Márquez, hace que el hecho viva en un relato contextualizado.

Para la profesión periodística la concesión de este premio, como lo fuera el de García Márquez, es un recordatorio de que el método sirve al otro y que la investigación periodística —que proviene del latín: seguir las huellas dibujando un camino— es necesaria en un mundo lleno de olvidos, involuntarios y, sobre todo, voluntarios.

Es cierto que ambos fueron y son cuestionados por esa necesidad de empalabrar al otro usando los recursos propios de la literatura. Los más puristas los han atacado porque los recursos narrativos que utilizan pueden distorsionar la voz del otro. Esa es la crítica que siempre se ha hecho al periodismo literario o al periodismo narrativo.

Esa crítica, en el 2016, es un sinsentido. No solo porque alguien que suma a la metodología periodística la narrativa literaria haya recibido un Nobel, sino porque el lector cada vez más busca a la periodista que tiene una mirada propia, honesta, que es firma periodística (no solo opinión) y con esa firma se responsabiliza de lo que escribe, muestra que ha estado ahí, es honesta hasta para decir que no ha estado en todos los lugares que debería haber estado o no ha hablado con todos aquellos con los que requería contactar.

Ha escrito un texto que merece ser leído porque tiene interés público y porque lo ha hecho con las reglas del periodismo: es veraz, equilibrado y, sí, está bien narrado.

Corrección a cargo de Cristina Garde

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