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Hasta las narices
de 'Spotlight'

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Por David Vidal

Una compañera me explica que en la redacción de su medio digital les han colocado contadores de clics en las mesas, a imitación de lo que ha hecho El Español y The New York Times. Dice que no aún no sabe como puede afectar eso a los contenidos a la forma en que se orienta una información, si el primer objetivo es que haga clic muchísima gente. Alguna cosa hemos aprendido de los digitales que pagan a sus colaboradores a copia de acumular céntimos por clic (El Huffington, por ejemplo), y que por tanto deben conseguir en las primeras dos o tres líneas y en el título seducir al voluble surfeador de las redes. La teoría de los géneros nos dice que es la función la que hace desarrollar la forma. Obviamente, esta redactora intuye que eso cambia las reglas de juego, que cada vez es menos periodismo –All the news that’s fit to print: las noticias que merecen ser impresas, decía, orgullosa, la banda bajo la cabecera del The New York Times– y pasa a ser otra cosa, que está a medio camino del entretenimiento y de los contenidos ligeros. Dad a la gente lo que quiere… ¿Habéis visto lo más leído de las redes? Un redactor jefe de un importante diario español en papel (pero también con versión digital) me explicaba hace poco que habían recibido la consigna de que cuando escribiesen para la web pensasen que eso no era, exactamente, periodismo.

Estos dos testimonios no son nada extravagante, seguro que ya lo intuís, o directamente lo sabéis porque sois periodistas. Podríamos haber citado otros testimonios explicando que en las redacciones no les dejan tiempo para la investigación ni para el trabajo de fuentes, que a menudo tienen que cerrar dos o tres páginas diarias con teletipos y notas de prensa; que si quieren hacer temas largos, de datos o de periodismo de investigación, los tienen que acabar en casa, fuera del horario de trabajo; que tienen que escribir notas y notitas, a diario, siempre bajo la presión de cuantos clics puedan tener cada una de ellas.

En cambio, los directivos y los editores de todos estos medios de los que hemos estado hablando –estoy seguro, porque lo hemos oído a diario durante meses– han entonado cánticos engolados de alabanza a Spotlight. Ah, ¡eso es periodismo! Que los principales promotores de un periodismo anémico, infrafinanciado, falto de ambición y de referentes de calidad, se les llene la boca hablando del modelo Spotlight es una paradoja elocuente. En los pliegos de esta paradoja encontramos algunas de las principales dificultades para la labor y la función del periodismo hoy, cuando las Naciones Unidas nos proponen celebrar el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Y no todo, lamentablemente, es culpa de la crisis de la prensa, de los fondos de inversión que hay en la propiedad de los medios, o de como es de malo Cebrián o Roures. Pienso que aquí los periodistas hemos ido dando pasos atrás que nos han dejado demasiado cerca del precipicio, y eso ya lo escribimos hace dos años.

Efectivamente, el periodismo ha sido motivo de atención durante los últimos meses a raíz de los merecidos Oscar como mejor película y mejor guión para el film de Thomas MacCarthy Spotlight, que reconstruía la historia de un equipo de investigación periodística del Boston Globe que sacaba a la luz una trama de silencio sobre los casos de pederastia en la Iglesia Católica. Viendo Spotlight aprendes mucho, como periodista, de lo que ha de ser la gestión de la redacción de un medio de comunicación, que además dispone de ambición y talento, para llegar a cumplir, también, una función social, la que el periodismo le debe a la comunidad: la visibilización de los conflictos, la información y el conocimiento contextualizado, que permite al ciudadano la toma de decisiones. Una verdadera democracia es la que dispone de una ciudadanía bien informada, capacitada con razones y argumentos. Si es posible, con atención preferente a los ámbitos problemáticos, a los conflictos, a las potenciales injusticias. El periodismo no cambia el mundo, pero debe querer hacer visible las circunstancias más relevantes para que una sociedad pueda tomar las decisiones adecuadas para poderlas cambiar, si así lo decide. Un aplauso para el equipo del Boston Globe y para la película, como fabulosa demostración práctica de compromiso con la vocación.

Pero obviamente, el equipo de Spotlight, no es una casualidad. Tiene dos razones de base que explican su éxito: la tradición de la prensa anglosajona por lo que respecta al periodismo de investigación (singularmente relevante dentro del Globe), y la costumbre de los medios norteamericanos de poner en crisis la manera de hacer las cosas en el periodismo cuando se afronta una crisis. Aquí nos faltan ambas, así que todo lo que se haga en este camino cuesta horrores y se hace con una mano delante y otra detrás. Tradición, decíamos: desde la generación de los muckrakers –hace más de un siglo, ya– que el periodismo norteamericano, concretamente, y el anglosajón por extensión, se edifica sobre una fe sólida en la vigilancia del poder –político, judicial, económico o religioso, que los integra a todos, al menos en este caso–; eso implica un trabajo de fuentes intensivo, el trabajo de calle… Gay Talese, con más de ochenta años, sigue escribiendo no ficción periodística; en España haría ya años que estaría firmando insubstanciales columnas de opinión sobre el aire acondicionado de los taxis o los restaurantes donde preparan un buen steak tartar.

En esta tradición, el equipo de Spotlight en el Globe ya funcionaba en los años 70; por lo tanto estamos hablando de más de 40 años de tradición de periodismo de investigación dentro del rotativo, que le dedica solo en sueldos y gastos (poca broma) cerca de un millón de euros al año. Aun así, los periodistas del equipo trabajan sin la presión del día a día, y no lanzan antes un artículo menos antes de tener la pieza gorda atada, es decir, exactamente a la inversa de lo que ha pasado en Catalunya con el caso de la pederastia estos últimos meses. Además, tienen muy claro que su objetivo no es el sacerdote de mala muerte, que probablemente ya había sufrido abusos en su momento, sino la estructura oligárguica de poder político que lo tapa todo. Desvelar la omertá. El periodismo local en cambio disfruta destrozando a pobres diablos y nunca impugna nada que afecte al poder real. El periodista local, sin embargo, debe justificar ante su jefe su contrato por debajo del mileurismo con muchas piezas semanales de caza menor.

La otra razón sólida es la capacidad de reinventarse en plena crisis que han demostrado algunos medios norteamericanos. No es casualidad que en esos mismos años en los que sucedían los hechos que se explican en la película, en plena crisis del papel y al comienzo de la gran recesión para los diarios, una de las apuestas más valientes y creativas fuera la del Boston Globe. El Globe pensó a medio y largo plazo y de forma decidida en una estrategia para el nuevo soporte digital, sin rebajar la calidad del periodismo, y buscó nuevas fórmulas para ser indispensables para sus lectores. Esta frase incluso sale en el film en diversas ocasiones. Fueron pioneros en proponer vínculos entre corresponsales y lectores, por ejemplo, y en general a explotar las posibilidades de interacción con los ciudadanos. En España, la Asociación de Editores repite como un mantra desde el año 2000 que la calidad de la información salvará el modelo de la prensa de su competencia, pero en cambio no ha hecho eso, al contrario, los rotativos han perdido páginas, plantilla, calidad y vocación. ¿Spotlight? Si habéis echado de cada una de las redacciones los periodistas que, por edad, conocimientos y actitud podían liderar este tipo de equipos…

así que, explicado esto, entenderéis que hoy, Día Mundial de la Libertad de Prensa, esté hasta las narices de la referencia constante, estos últimos tres meses, a Spotlight de parte de directores, editores y periodistas. Porque es un brindis al sol, a no ser que antes invirtamos en un cambio de cultura en la empresa periodística; porque nos hace falta, también, más ambición en nuestros referentes como periodistas. Y más dignidad y valentía, también, la misma que sentiríamos, decididos, si notásemos que la nada avanza tras nosotros y que, si queremos seguir haciendo periodismo, no podemos recular más.

Está bien anhelar Spotlight, pero tenemos que querer hacer aquel tipo de periodismo, y crear las condiciones para que se pueda llevar a cabo. Como siempre, con periodistas que sean ante todo buenas personas, suficientemente cultas y sensibles, suficientemente leídas y suficientemente disidentes. Es decir, nosotros, ¿no?

 

Traducción al castellano por Gerardo Santos

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