SomAcció


Fotografía de JJ Román que muestra el Sant Jordi 2015 en Ciutat Vella, en el Raval

El Raval, escrito
con sangre de dragón

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Prólogo

En la Plaça Catalunya hay más cabezas que resúmenes de libros por leer. Es la imagen a la que todos estamos acostumbrados un 23 de abril: sonrisas cómplices después de una rosa regalada, abrazos al recibir un libro, y sumarle media hora a cualquier recorrido que pase por la plaza más concurrida de la ciudad. Pero unas calles más a la derecha y más cerca del mar, sopla otra brisa. Allí, en la “otra Rambla”, la que supervisa el gato de Botero, no tendrá súperventas firmando libros ni las últimas novedades literarias. Pero es la que tiene vecinos y vecinas del Raval que no se sienten forasteros en medio de torrente de gente; la que acoje en paraditas desde las diez de la mañana un centenar de entidades del barrio que dan a conocer su labor.

Tot Raval es la entidad que se ha encargado, durante la última década, de la organización de la Diada. Y, como un invitado a quien no se le puede negar la presencia, la literatura es el eje entorno al cual gira la mayoría de las actividades. La música anima, las rosas que más llaman la atención son las de papel pinocho que lucen algunas señoras en la cabeza; los niños, aun el gentío, corren por todos lados… como la literatura, que se respira entre talleres, lecturas, performances y acciones colectivas que llevan a cabo las entidades presentes. SomAtents también está presente en la Rambla del Raval: participa con cuatro actividades que hemos querido convertir en capítulos de este libro.

Un hombre pasea una rosa de Sant Jordi en la Rambla del Raval
Un hombre pasea una rosa de Sant Jordi en la Rambla del Raval. ¿Para quién será? | JJ Román

Capítulo 1. Dar luz a los libros

Del número 20 de la Calle Riereta salen dos libros que caminan. Llevan con ellos un sofá y una mesita con cuatro ruedas que sortean las aceras de las calles cercanas a la Rambla del Raval, su destino. Las ruedas cargan un montón de libros: de Diderot, de Spielberg, de todo lo que uno se pueda imaginar; y un teléfono antiguo, quizá para llamar la atención; y una radio antigua, quizá también para seguir conectados con el mundo real en medio de una imágen tan fantástica; todo mientras una luz mira a la otra: enciende, apaga, enciende, apaga, queriendo decir: “¡Espabila, que llegamos tarde!”. El otro levanta los hombros: “Yo no tengo la culpa…”, y después responde con los brazos un “¡Hale, tira!”, combinado con el lenguaje lumínico: enciende, apaga, enciende, apaga, enciende -dicho muy rápido.

Es el lenguaje de INCA, una asociación independiente del mundo de las artes y la educación que utilizan el arte y la cultura como herramienta de transformación social. Quieren incluir a todo el mundo en sus happenings, por eso hablan a golpes de luz y tirando del teatro físico consideran que es una buena manera de cumplir sus objetivos: promover el diálogo intercultural y la cultura de la paz sin que nadie quede excluido.

Han plantado el sofá en una esquina de la Rambla del Raval, que hoy lleva los labios pintados de rojo. Con sus cuerpos invitan a la gente a sentarse al sofá -que ha crecido en la Rambla con un champiñón-, a proponerles un libro y a que lean una muestra en voz alta para que todo el mundo lo pueda disfrutar. Se sienta una joven a quien las piernas no parecen pesarle. La lengua tampoco. Rápidamente comienza a leer El Principito que ha caído en sus manos. Lo abre con la ilusión de una niña, desde donde mejor se puede abrir este libro. En sus páginas, donde se esconde una mezcla del manifiesto de SomAtents con la historia del Principito, éste le pide al aviador extraviado que le dibuje un periodista.

–¿Pero tú qué haces aquí en medio del desierto? –pregunté de nuevo.

–Tú dibújame un periodista…

–¿Para qué lo quieres?

–No sé cómo son; hace tiempo que no veo uno de verdad…

–¿Y eso?

–Creo que es porque el periodismo hoy en día tiene mala imagen… los ciudadanos creen que es la peor profesión después de la de abogado o político, piensan que están conchabados con el poder, que son mentirosos y vendidos… Hablan con el mismo argot confuso, bruto y críptico que el poder.

–¿Y por qué te interesa saber cómo son?

–Vengo de un planeta pequeño, muy pequeño… Pero allí también soñamos con el progreso y la democracia; y sabíamos que sin una prensa y unos periodistas honestos y comprometidos con los derechos y la justicia que no formase parte del poder sino que lo vigilase, no lo conseguiríamos.

–en realidad, no entendía nada: ¿de dónde salía ese extraño hombrecillo? ¿De qué pequeño planeta hablaba?

–Pero soñamos ser periodistas que buscaban la justicia, pero que lo hacían de la mejor manera: como Zola, como Steinbeck, como Dos Passos, como los nuevos periodistas de los 60 y los 70, como los Thomson, Talese, Wallraff, Fallaci… Queríamos un periodismo que innovase y experimentase, amigo del arte y del impulso creativo, no por elitismo, sino porque busca y encuentra nuevos caminos para emocionar, para llegar a todos. Soñamos tener la oportunidad de hacer las cosas bien hechas. Y un día, cuando leía nuestro lid, nuestro iletrado jefe de sección nos dijo con mirada bovina aquella frase: “Aquí no hacemos literatura”.

–A mí se me ha averiado la democracia… ay, quiero decir, el avión… ¿Cómo te puedo ayudar?

–Explícame… Mira: y a ti y a todos os queremos hacer algunas propuestas… ¿Qué os parecería si, por probar, y ya que estamos en el fango, al menos ahora que casi nadie nos mira… somos AUDACES? Formamos parte de este momento decisivo. Y ahora escuchad: basta de conciertos y copas y manis y debates y mesas redondas y jornadas y agudas y obvias reflexiones en los muros de facebook… eso está bien, todos lo hacemos, nos encanta… Pero sólo ayudaremos a cambiar las cosas si nosotros hacemos bien las cosas. ¿Por qué no pedimos, exigimos, trabajamos por un periodismo bien hecho que no persiga solo un sentido económico, sino social? ¿Por qué no nos compremetemos con un periodismo que haga su trabajo amando las cosas bien hechas, con honradez, esperanza y optimismo; que busque una pluradidad de fuentes y también de temas, pero atendiendo principalmente a aquellos sectores sociales que sufren de una forma recurrente la injusticia y el desamparo?

–Entiendo qué buscas, simpático hombrecillo…

–Al final, solo queremos hacer un periodismo valiente en la forma y en el fondo, que se entienda que emocione, que ayude a comprender el mundo y a tomar partido.

–Ahora ya sé qué buscas… ¿Quieres que te dibuje a un periodista?

El libro se cierra y el champiñón se mueve por la Rambla, al mismo ritmo que los que escuchan a la vera del sofá dibujan mentalmente el retrato de aquel periodista en el que creen, líneas más arriba o más abajo. En el sofá se sientan mujeres, niños, abuelos, jóvenes. Si te proponen un libro en francés y no sabes hablarlo, no pasa nada. Inténtalo. Las luces se gritan: ¡enciende, apaga, enciende, apaga, enciende, enciende! “Este niño lee muy bien, no crees?” –le pregunta una luz a la otra con el pulgar mirando al cielo–. “La mujer, regular”, y las luces sacuden las manos de un lado a otro, poco convencidas. No pasa nada, los que se sientan en el sofá leen como pueden para crear un momento durante el que todo lo importa que la Rambla se para, que alguien abre un libro y, con calma, lee en voz alta algunas líneas. La gente se amontona alrededor del sofá y, sin saberlo, hace un pequeño homenaje al rey del día: el libro. Que vuelve, encima de la mesita con ruedas con otros libros de INCA, a su sede en la calle de la Riereta. Todos tocados, leídos, olidos, masticados… pensados.

Raul Pérez, músico de la Orquestra de la Rumba de Ciutat Vella, al lado del gato de Botero
Raul Pérez, músico de la Orquestra de la Rumba de Ciutat Vella, al lado del gato de Botero | JJ Román

Capítulo 2. Retrats Paral·lels: El Raval

Retratos, historias, caras, recuerdos, fotografías, entrevistas.. Tres jornadas descubriendo la diversidad de personas que componen el barrio del Raval, preparando la última sesión de Retrats Paral·lels que se llevará a cabo el día de Sant Jordi dentro de una haima y en la que tendremos el privilegio de entrevistar a El Petitet, y presentar este proyecto que lleva más de un año cocinándose a fuego lento: la Orquestra Simfònica de la Rumba de Ciutat Vella.

Y, ¡PAM! Es 22 de abril por la noche y El Petitet no se encuentra en condiciones para concedernos la entrevista. Preocupado, y excusándose por no poder venir (realmente no puede venir), busca entre los músicos de la orquesta una solución: en Raül Pérez. “Me he quedado boquiabierto al ver la alegría, la gente paseando, la tranquilidad que se respira hoy en la Rambla del Raval… Lugares como este se tienen que recuperar. No se puede arrinconar a la gente de un distrito, o de una plaza. La alegría que da esta plaza hoy tendría que ser igual cada día”, lamenta el saxofonista de la orquesta de El Petitet, uno de los seis payos que conforman este grupo de veinte personas que, “como el buen fricandó –chup, chup… chup, chup…– se va cocinando a fuego lento”.

La vida en la calle ya no es lo que era hace 30 o 40 años. Aun así, el Raval, Ciutat Vella, en general, tampoco es como la gente se imagina, no es como los medios enseñan. Este no es el distrito que continuamente aparece marcado en las noticias de manera peyorativa y conflictiva, donde hay problemas con la prostitución, la delincuencia, los vecinos… ¡Prostitución en el Raval la ha habido desde el siglo pasado, y se ha convivido siempre perfectamente!

El tipo de cambio que ha sufrido el barrio es de otra forma. Hace 30 o 40 años las puertas de las casas, en el Raval, estaban abiertas. Los niños de cinco años podían estar en la calle y nadie tenía miedo de que se los llevasen ni que les pasase nada peligroso más allá de acabar con una rascada en la rodilla porque jugando se caían al suelo. Todo eso, por desgracia, lo hemos perdido. Hoy en día las puertas de las casas están cerradas. Y han cerrado muchos negocios de toda la vida de esos a los que podías ir a tomar una caña con los amigos a un buen precio.

La rumba catalana nació en este contexto de vida en la calle. La gente del barrio salía de casa con una silla, una guitarra, un cajón… y tocaba rumba catalana. Y esta era la esencia que queremos recuperar con el Petitet, aunque lo estamos haciendo en forma de orquesta sinfónica, que implica añadir a los temas tradicionales, de toda la vida, algunos instrumentos que no le son propios, de manera que se amplifique el sonido. Poco a poco, día a día, queremos reivindicar esta esencia de la rumba catalana y de los temas de toda la vida de la rumba, pero también adaptaciones de algunos temas muy nuestros, muy catalanes, muy tradicionales. Y queremos un gran impacto, por eso estamos trabajando tanto y de manera tan dedicada.

La rumba forma parte del ADN de este barrio, y de sus gitanos. La rumba era hermandad. Era una manera de que todos se juntasen. Acabando de cenar, cada uno a su casa, se juntaban todos en la calle y uno tocaba las palmas, el otro la guitarra, el otro el cajón, el otro cantaba… y todos eran iguales. Más rico o más pobre, pero todos disfrutaban de la misma manera. Ahora no lo tenemos porque no tenemos la calle.

Quizá tendríamos que recuperar esta vida de calle, la esencia de la hermandad, de la misma manera que El Petitet y todos los compañeros de la orquesta buscamos recuperar la esencia de la rumba catalana. Porque, al fin y al cabo, hace 30 o 40 años, una cosa era consecuencia de la otra.

Recital de poesía en el antiguo Hospital de la Santa Creu
Recital de poesía en el antiguo Hospital de la Santa Creu | JJ Román

Capítulo 3: Leemos en el jardín

Suena el agua alegre y reluce la fruta de los naranjos. Un rincón verde rodeado de piedra antigua enmedio de Ciutat Vella deja entrar por sus puertas arqueadas un grupo de jóvenes preparados para escuchar. En un rincón de los Jardines de Rubió i Lloc, el antiguo Hospital de la Santa Creu, una treintena de personas se sientan en el suelo y agudizan l a mente para captar las metáforas de los poetas, que recitan delante de un arco versos a contraluz.

Es la segunda etapa de la gincana de intercambios periodísticos y literarios organizada por el Máster en Comunicación, Periodismo y Humanidades, en colaboración con SomAtents, Scanner FM y Mentrestant. La gincana busca descubrir los puntos de contacto entre poesia y periodismo. Esteve Plantada, crítico literario y de cine, habla sobre la influencia del periodismo cuando escribe poesía. Ojos profundos bajo cejas expresivas, voz pausada. Recita sus versos con escenas de viajes pasados, viajes que transformó llevando su palabra al límite de las sensaciones en su obra Fosca Límit. Aina Torres lee algunos versos de su poemario Dos hiverns i un incendi, donde habla con voz femenina y comprometida sobre el amor, la mujer y la lucha contínua de la vida, entre el frío de un invierno real y metafórico y el calor de un incendio necesario para cambiar peronal y socialmente. Su cabellera rubia acompaña con intensidad el contenido de sus versos y la fuerza en su voz provoca miradas atentas y sonrisas nerviosas.

Gemma Casamajó, periodista, poeta y profesora de periodismo, levanta la voz suave y apodera las palabras. Sus palabras evocan recuerdos y hablan del amor por los libros, por el acto de leer.

 

D’avui només en quedaran els vius”
per Gemma Casamajó

D’avui en quedaran paraules:
el vers recordat abans del proper semàfor
i que et consola.
La novel·la que despulles,
com qui desbotona una bruseta de paraules,
i t’abriga.
El conte robat de nou a nou (festius tancat)
que t’evadeix.
L’obra dedicada per l’autor
ja fa molts anys
que et flota per la vida com una planta tropical.
Com un nàufrag.

D’avui en quedaran pestanyes:
els teus ulls negres com prunes
i els nostres, que troten com un cavall
per les lletres. Hi ha camp obert per córrer.
I els seus, rodons com una corona que no cau.
I els vostres ulls, com un sol gras que sap de nits.
Com un pastor que guarda pàgines
que el fan millor, més ric per dins,
més comprensiu, més generós, ca-ri-ta-tiu.
I quan al vespre torna les lletres al corral
amb un xiulit,
el cor és ple i el cap és viu.
Cap gos d’atura.

D’avui en quedaran els mobles:
la butaca de cretona blanca on roman marcada
la teva esquena de lector. Ja és un motlle de tu.
La taula del bar, i el finestral,
la llar de foc i la barana,
espitllera d’altres vides
des d’on llegies tant aquell estiu.
L’escriptori i el vàter de dipòsit alt.
La prestatgeria del menjador
on els llibres aguanten drets,
hivernant en fila índia,
com si fossin una renglera d’escletxes,
com si fossin un carrer de gratacels.
I el llit, que ha vist obert un llibre, l’altre…
Primer amunt: suspès en l’aire
pels teus braços que són torres.
Després damunt: estavellat
sobre el llençol com una carena.

D’avui, només, en quedaran els llibres:
els repassats amb llengua llarga de vedell,
els que són plens i tanmateix
omplim cada vegada,
els subratllats, els més prestats,
els que s’han quedat a dintre teu
oberts com la síndria damunt del marbre.
(—Ja l’has llegit?
—Te’l recomano.
—Començo, sí.)
Aquells que el pas del temps convertirà
en un temple de vells eucaliptus.
Aquells que el pas del temps no enrunarà,
estimarà, no vencerà.
Aquells que el pas del temps mantindrà vius
més enllà dels murs del cementiri.”

Sonrisas enternecidas de los que escuchan. Su rostro, bondadoso pero ausente de ingenuidad, su prestancia y sus manos acariciando las palabras que comunican con ella.

Las niñas y los niños escuchan el cuento que una vecina les lee
Las niñas y los niños escuchan el cuento que una vecina les lee. Así es la magia de los cuentos | JJ Román

Capítulo 4. ‘Bookcrossing’

La Laura camina por la Rambla del Raval entre carpas y músicas. El sol aprieta y el día se presenta espléndido para buscar tesoros. El paseo, lleno de cabo a rabo de colores, olores y sabor de festivo, le recuerda a otros 23 de abril. Se mueve entre la gente y, casi habiendo llegado a un escenario, observa a su lado unas postales que hablan sobre periodismo y un libro pequeño que le produce un trastorno en el pecho.

Hojea las páginas emocionada. ¡Cuantos recuerdos!

–¿Cuanto vale?

–No están a la venta. Hacemos intercambio de libros, tienes que traer alguno.

La Laura, nerviosa, piensa rápidamente la manera de conseguir algún libro, pues no lleva ninguno encima. Comienza a correr sin rumbo.

La aventura por el Raval le divierte como a una niña pequeña. Buscaba por las esquinas y observaba los rincones, llenos de libros. A paso rápido se topa con un colega, que después de escuchar su anhelo la lleva de la mano hacia un tumulto de objetos sin amo. Rebuscando entre las portadas, escoje un par de libros académicos que difícilmente pueden competir con El Principito. Da media vuelta y comienza a caminar acelerada hacia la paradita, libros bajo el brazo. “¡Seguro que ya no está!” —pensaba angustiada y divertida.

Al llegar a la mesa mira avergonzada a los jovenes con los que ha de llegar a un acuerdo. Con cierta timidez y sudor enseña su ofrenda. La observan alegres.

Cuando volvía a casa, la Laura pensaba en aquellas escenas, imágenes y frases que se le habían quedado grabadas desde siempre. Volvía a tenerlo entre las manos. ¡Qué ganas de releer y revivir sus páginas! Se durmió feliz, pensando en serpientes y elefantes, y en las ganas de saber y compartir.

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