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9 mm, el diámetro del proyectil que le perforó el cráneo

— Pasamos unas horas con el dispositivo científico que se ha instalado en Porreres para exhumar la fosa común accesible más grande de las Islas Baleares

— Las excavaciones, que han durado tres semanas, acabaron el 20 de noviembre. Se han encontrado nueve fosas y 55 cuerpos, todo hombres de más de 40 años

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Este reportaje fue originariamente publicado en Racó Català.

Está estirado encima de una mesa plegable: boca arriba y con los brazos paralelos al torso. Dos focos le iluminan. También compensa el frío acumulado dentro de este laboratorio de campaña situado en medio del cementerio de Porreres. “Lo más difícil cuando trabajas con [cadáveres] fusilados es saber si una fractura de un hueso es post mortem o peri mortem”, dice Nico Márquez, uno de los miembros de la Sociedad de Ciencia Aranzadi, mientras observa el esqueleto y sostiene el cráneo con la yema de los dedos de la mano derecha. Este ibicenco medio escocés es profesor de Antropologia Forense y Arqueología en la Universidad de Cranfield, en Inglaterra, y forma parte del dispositivo científico que se ha instalado estos días en Porreres y que está exhumando la fosa franquista accesible más grande de las Islas Baleares. Explica que los huesos que hay ordenados sobre la mesa son los de un individuo masculino de unos 35 años que fue fusilado a sangre fría y enterrado allá por 1936. Esto –dice siguiendo con el dedo una incisión circular del cráneo que él mismo ha reconstruido– parece el impacto de un proyectil, los agujeros de 9 milímetros acostumbran a ser de un arma corta”. O sea, ¿de pistola? “Es probable”, contesta.

La exhumación que lidera el equipo de Arazandi en Porreres ha sacado a la luz, hasta ahora, una cincuentena de cuerpos. Hay más de cien documentados en esta fosa. La mayoría son de hombres de edad adulta, aunque se sabe que la comunista Aurora Picornell y otras mujeres activistas también están aquí. “Al hacer la identificación, nos ayuda que los cuerpos se encuentren en una posición decúbito prono, boca abajo, y no removidos entre la tierra”, sigue Márquez mientras toquetea las vértebras de la parte inferior de la columna. Desde que el equipo de Arazandi y los voluntarios que están ayudando se instalaron en el cementerio de este pueblo del centro de la isla, el vocabulario de los porrerenses y de aquellos que se han dejado caer por el cementerio como si se tratase de un peregrinaje ha incorporado latinismos de la medicina forense que ahora ya suenan familiares. El grupo de científicos, que cada día agotan las horas que Porreres tiene luz natural en esta época del año, no dudan en explicar lo que encuentran y de hacer la exhumación un acto abierto a todos.

–¿Esto es una persona? –pregunta una chica rubia que se asoma a la carpa.
–Sí, ha entrado hoy mismo. Aquí tenemos el cráneo, la espalda, los brazos…

Nico Márquez, antropólogo forense, en Porreres, Mallorca.
Nico Márquez es antropólogo forense y uno de los habituales de la tienda verde militar que opera como laboratorio en el cementerio de Porreres. Cabizbajo –la altura del lugar no da para más–, recibe los pedazos de huesos y determina qué causó la muerte a cada cadáver | Laia Seró

Se calcula que más de 2.300 personas fueron asesinadas durante la Guerra Civil por motivos políticos en Mallorca, lo que representa el 2,5 % de la población total en aquel momento. Ochenta años después, muchas familias aún no han podido enterrar dignamente a sus muertos porque no saben donde están sus restos. Quizá en alguna de las 47 fosas comunes documentadas en Mallorca, pero no lo han podido confirmar porque nunca ningún gobierno había ordenado su exhumación. Hasta ahora solo se han abierto dos: la de Sant Joan, con tres cuerpos, y la de Porreres. Con la reciente aprobación de la Ley para la recuperación de personas desaparecidas durante el periodo de la Guerra Civil y el franquismo, las entidades memorialísticas baleares esperan que la cifra aumente en los próximos meses. En Calvià ya está prevista la exhumación para 2017.

A primera hora de la tarde, la llegada de personas al cementerio se intensifica. Vienen del mismo Porreres, de pueblos de la comarca y de toda la isla. También de Catalunya, Francia y otros sitios. Según los historiadores, aquí podría haber enterradas víctimas procedentes de una treintena de pueblos mallorquines, pero muchos familiares se acercan aun no sabiendo del todo si a quién buscan está aquí. “Porque ellos son todo”, dice una porrerense que también tiene un familiar desaparecido. Ella sí sabe dónde está, en Manacor.

La Sociedad de Ciencia Aranzadi ha venido del País Vasco. Son pioneros en el Estado en la exhumación de fosas comunes del franquismo. Fue en el año 2000 cuando se decidieron a aplicar el método científico a un proceso como este que, hasta entonces, había ido a cargo de familiares desesperados y deseosos de desenterrar los huesos de los suyos. En el 2016, ya cuentan las exhumaciones que han realizado por centenares. Pasadas las 5 de la tarde se disponen a hacer la explicación diaria sobre cómo han avanzado las excavaciones del día en Porreres. Se reúnen entorno al cordón de señalización de los trabajos familias enteras, gente mayor, turistas, jóvenes y algún cochecito. Lloviznea, algunos llevan paraguas. Desde el día 2 de noviembre, cuando iniciaron la exhumación, esta hora es la de la reunión. El ritual es el siguiente: de pie, dentro de la fosa, algún miembro del equipo cuenta los avances mientras la multitud escucha, en silencio. Muchos acuden con regularidad. El resto del equipo continúa trabajando, en cuclillas, aprovechando los últimos minutos de luz. El cámara de Porreres Televisió, que está haciendo una cobertura muy completa de los hechos, está en primera fila retransmitiendo en directo a través de su página de Facebook. Cada uno de los vídeos acumulan más de un millar de visualizaciones. Hoy anuncian que las excavaciones están llegando a su fin, aunque se cree que hay más cuerpos bajo dos capillas de propiedad privada que se tendrían que derruir para poder continuar con la exhumación. El Ayuntamiento está tramitando los permisos. También explican que han encontrado un cepillo de dientes, un tintero, muchas hebillas, medias, botas y restos de tela. Se inicia un turno de preguntas:

– Disculpa, al cruzar los ADN, ¿un sobrino es útil? –pregunta un familiar que ha escuchado, atento, la explicación del equipo.
–¿De hermano o hermana? –le pregunta Lourdes Herrasti, la especialista en osteoarqueología que dirige la exhumación ante el viaje del doctor Etxeberría.
–De hermana…
–Valdría, es importante, claro.

Una ráfaga pausada de aplausos surgida entre el público da por finalizada la jornada.

Cementerio en Porreres, Mallorca

El cementerio de Porreres se ha convertido, estos días, en un polo de atracción de visitantes. Tanto, que el equipo de exhumación se ha visto obligado a delimitar la zona de las excavaciones con una cinta bicolor para que los centenares que llegan cada día no estropeen los nichos de los vecinos que sí recibieron una sepultura digna | Laia Seró

Esta noche, el cementerio está florido. Los ramos –y el cielo que ya enrojece– aportan color. Los ramos están frescos, hace poco que fue el día de todos los santos y muchas familias han hecho la popular visita anual a sus sepulturas. Aquellas familias que, claro, tienen a sus muertos descansado en un nicho y no esparcidos por la tierra.

Traducción al castellano por Gerardo Santos
Edición fotográfica a cargo de Estefania Bedmar

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— Pasamos unas horas con el dispositivo científico que se ha instalado en Porreres para exhumar la fosa común accesible más grande de las Islas Baleares

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