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Derecho a amar (I Parte)

— Andy Silveira es gay y durante once años de su vida formó parte de la orden religiosa de los jesuitas

— La comunitat LGTB lleva años luchando para que India descriminalice las relaciones homosexuales, pero aún no lo ha conseguido

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¿Qué mensaje era el adecuado? A medida que se acercaba la fecha señalada, el interrogante crecía. Hasta que el día llegó. Cuando Andy Silveira se levantó el pasado 21 de Febrero seguía sin saber cómo expresarlo en palabras. Faltaban sólo unas pocas horas para la manifestación del Orgullo Gay en su ciudad, Hyderabad, una de las mayores del sur de la India. Salió a correr. Cuando volvió, tenía la respuesta. Cogió un cartón, preparó los lápices de colores y se dispuso, una vez más, a convertirlo en una pancarta. Escribió: “We need a Gay-Accepting India” (Necesitamos una India que acepte la gente gay). Así de sencillo.

 

Uno

A Andy le gustan los hombres. Pero según el código penal indio, él y cualquier persona que se acueste con alguien de su mismo sexo está cometiendo un delito. Durante años, la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transgénero) ha luchado para que esto cambie. Pero aún no lo han conseguido. Ése día, sin embargo, Andy y los cientos de personas que marcharon por las calles de Hyderabad tenían algo que celebrar. Marcharon como si acabaran de ganar una batalla.

Andy es el hijo mayor de una familia católica y profundamente religiosa del estado de Goa. Una familia que, como le gusta subrayar a su madre, Alda, también siente una cierta predilección por los nombres que empiezan con la letra A. El padre se llama Antonio. La hermana mediana es Alfa, y la pequeña, Ancy. Algunos de ellos ya no están.

Andy nació hace 36 años en Kuwait, en el Golfo Pérsico. Su padre se había mudado ahí a principios de la década de los 70 por trabajo. Siete años más tarde, Alda se casó con él y formaron una familia. Andy vivió en Kuwait hasta los 11 años, recibió una buena educación y tuvo una vida acomodada. En 1990, cuando el ejército de Saddam Hussein invadió el país, Andy y su familia tuvieron que volver a la India.

Fueron a vivir a la aldea natal de su padre, Sant Estevam. Goa, uno de los estados más ricos de la India, también cuenta con una de las mayores comunidades cristianas del país. Según el censo de 2011, el 25,1% de su población es cristiana, mayoritariamente católica, un porcentaje mucho mayor que el 2,3% de la media nacional. En 1510, doce años después que Vasco de Gama llegara a la costa occidental de la India por primera vez, los colonos portugueses establecieron en Goa la capital de su virreinato. Portugal no reconoció la independencia de Goa hasta el año 1961, 14 años después de que el Reino Unido hiciese lo propio con el resto del subcontinente indio. Tras más de cuatro siglos, los colonos se fueron, pero su religión se quedó.

A Andy le gustan los hombres. Le gustan desde que sus hormonas despertaron cuando tenía 11 años y empezó a sentir atracción por el musculoso protagonista de los comics He Man; o, lo que es lo mismo, desde siempre. Pero para Andy, la palabra gay no existiría hasta mucho después. Nadie le contó que era normal que le gustaran los hombres. Nadie le dijo que en el mundo, y en la India, hay millones de personas que, como él, se sienten atraídas por personas de su mismo sexo. A Andy le gustaban los hombres, pero ser gay no era una opción. A los 18 años, tras haber completado los estudios de secundaria en Sant Estevam, ingresó en la orden de los jesuitas. Allí permanecería durante los siguientes once años de su vida.

En los pueblos, los grupos religiosos son los más acérrimos defensores de los valores tradicionales y su influencia penetra todos los aspectos de la vida cotidiana

En la India, la homosexualidad no sólo está perseguida por la ley. En muchos lugares, y aún más cuando Andy era adolescente, es invisible. Con los años, la comunidad LGBT ha ido ganando peso. Hoy en día, la escena LGBT es tan vibrante como la de muchos países occidentales. Pero las personas que viven su sexualidad abiertamente son sólo una parte, tal vez la excepción, del total de la comunidad LGBT.

La criminalización de la homosexualidad afecta especialmente a la gente más pobre. Según Fabrice Houdart, funcionario de derechos humanos en las Naciones Unidas, las clases medias y educadas son menos dadas a sufrir extorsiones y violencia. Pese a seguir siendo vulnerables, dice Houdart, lo tienen más fácil para aislarse de la homofobia. Para la gente sin recursos es mucho más difícil.

Las condiciones también son peores en las zonas rurales, donde vive el 68% de la población. Los pueblos, en la India y en cualquier rincón del mundo, suelen ser más conservadores. La influencia de los grupos religiosos se percibe en todas las esferas de la vida cotidiana, y suelen ser los más acérrimos garantes de los valores que se consideran tradicionales. En los pueblos, la vida sin religión es inconcebible.

Manifestación por el Orgullo Gay en la India.
Algunos activistas acusan la industria cinematográfica, cuya influencia en la sociedad india es enorme, de invisibilizar la homosexualidad | Samarpan Dutta

 

Yo mismo viví durante siete meses en Anantapur, en el estado sureño de Andhra Pradesh. Trabajé como voluntario en la Fundación Vicente Ferrer, una ONG que promueve el desarrollo de la región desde 1969. Al principio, cuando los indios me preguntaba cuál era mi religión, yo respondía que era ateo. Insistían, y yo les explicaba que no creía en ningún dios. Me miraban como si les dijera que soy un extraterrestre. Al cabo de unos meses, cuando me preguntaban, mentía y decía que era cristiano.

Andy ha dejado de creer en Dios. Aún afirma su identidad católica, pero sólo para criticarla. Hace 8 años que dejó la orden de los jesuitas. También es abiertamente gay y tiene un trabajo donde esto no le supone ningún problema. El camino no ha sido fácil.

Todo empezó hace diez años, el 18 de abril del 2006.

Andy llegó a Ahmedabad, la capital del estado de Gujarat, exhausto tras un largo viaje pero con grandes expectativas. Había terminado sus estudios de filosofía en Chennai y había pasado los días anteriores disfrutando de unas cortas vacaciones con su familia en su aldea natal. Vió a su hermana, Alfa, que estaba embarazada. También a Ancy, que a sus 20 años estaba pasando por un mal momento; se sentía perdida, no sabía qué hacer con su vida y estaba triste porque una de sus mejores amigas, una monja por la que sentía devoción, había dejado de hablarle. Cuando Andy se fue, Ancy le llamó, y se disculpó docenas de veces por no haberle despedido. Insistió, una y otra vez, en cuánto lo sentía. En ese momento, Andy no entendió por qué.

Andy fue a Ahmedabad a estudiar un curso de periodismo durante diez días. Después, aprovecharía para viajar por el estado de Gujarat, que por aquel entonces estaba gobernado por el ahora primer ministro indio Narendra Modi, y vivía un boom económico.

Pero los planes se torcieron nada más llegar. Andy no pudo visitar nada. Tampoco pudo empezar el curso de periodismo. Al día siguiente de llegar, por la mañana, el cura llamó a Andy a su despacho. Tenía noticias de Goa. Había habido un accidente.

—Tu hermana ha muerto.

Andy siempre recordaría este momento y los segundos que lo sucedieron como la peor experiencia de su vida.

—¿Qué?
—Tu hermana ha muerto, —repitió el cura.

Al descubrimiento, inesperado y absoluto, de la pérdida de una hermana le siguió una angustia, si cabe, mayor. La duda. Aún en estado de shock, la pregunta inevitable iba tomando forma en su mente. ¿Cuál de las dos? ¿Su hermana Alfa, que esperaba un bebé? ¿O la joven Ancy? En ese instante, fugaz y eterno a la vez, sus dos hermanas, o la idea que Andy tenía de ellas, atravesaron un millar de veces la delgada línea que separa la vida de la muerte. Ambas se hallaban en un sitio extraño, donde, como en el enigma cuántico del gato de Schrödinger, podían estar vivas y muertas a la vez hasta que no se descubriera lo contrario. Finalmente, Andy preguntó:

—¿Cuál de las dos?

Era Ancy. Murió ahogada.

 

Dos

El periódico Heraldo de Goa publicó este obituario. “Ancy Tracy Silveira, Hija de Antonio Joao Silveira (Tony) y Alda Flora Silveira, Hermana/Cuñada de Andy, Alfa/Dominic Fernandes, ha muerto el 18-04-2006. El cortejo fúnebre saldrá de su casa, en St. Estevam, hacia la iglesia de St. Estevam (hoy) el 19 de abril, de 2006, a las cuatro y media de la tarde. Vecinos, familiares y amigos aceptad esto como la única invitación.”

Andy llegó justo a tiempo al funeral. En la iglesia, una amiga de la familia se le acercó para darle el pésame. “¿Cómo es posible que Ancy, que era tan buena nadadora, se haya ahogado?”, lamentó. Ancy solía subirse a la baranda del puente que atraviesa el río en el punto más alto; entonces, saltaba, empapaba a todo el mundo. Para demostrar sus habilidades como nadadora, Ancy cogía una moneda y la lanzaba al fondo del río desde lo alto del puente. A continuación saltaba tras ella. Salía del agua sonriente y con la moneda en la mano. A Andy bucear le daba miedo.

Cuando Andy recuerda su hermana, le asalta la nostalgia. “Era una chica muy cabezota. Cuando quería algo tenía que conseguirlo. Éramos tres hermanos, y ella era la pequeña. Nunca dejaba ganar a nadie una discusión. Nunca se callaba”, cuenta. “Ella estaba llena de vida. Era hermosa”.

Alfa, Ancy i Andy.
Alfa, Ancy y Andy (de izquierda a derecha) en el río donde años más tarde hallaron el cuerpo sin vida de la hermana pequeña | Cedida

 

El viaje de vuelta, de Gujarat a Goa, le sirvió a Andy para asimilar la muerte de su hermana. Tras conocer la noticia, Andy quedó en estado de shock. Volvió apresuradamente a casa. Primero, de Gujarat a Mumbai. Luego, de Mumbai a Goa. En el avión, varias horas después de conocer la noticia, lloró por primera vez.

En el aeropuerto, dos jesuitas esperaban a Andy para llevarlo a casa en coche. En el trayecto, empezó a conocer más detalles de la muerte de su hermana. En plena noche, Ancy cargó con un saco lleno de piedras que su padre usaba para ejercitar su maltrecho brazo y cruzó el campo que separa su casa del río. Como Virginia Woolf, escribiría Andy, cuando hallaron su cuerpo inerte horas después aún cargaba con las piedras. La muerte de Ancy no fue un accidente. Fue un suicidio.

El resultado seguía siendo el mismo: Ancy se había ido. A la práctica, el suicidio no cambiaba nada. Sin embargo, para Andy lo cambiaba todo.

Un nuevo interrogante: ¿Por qué?

Según Andy, una de las piezas esenciales del rompecabezas de la muerte de su hermana es la conversación que tuvieron unos meses antes, en diciembre. Fue un día por la tarde, mientras él hacía la maleta para ir hacia Chennai. Él la recordaría así en una publicación de su blog, Grist and Compost (Tierra y Abono):

—Me gustaría compartir algo contigo —dijo ella.
—Adelante, Ancy —le invitó él, acomodándose y reclinándose en el pie de la cama.
—No quiero casarme nunca.

En el momento que pronunció estas palabras, “no quiero casarme nunca”, Andy se estremeció y empezó a palidecer, dándose cuenta de cuán volátil era el terreno que ella pisaba.

Él siempre había sospechado que a Ancy le gustaban las mujeres. Su sexualidad, escribiría Andy, era obvia, pero nadie de la familia se atrevió nunca a reconocerlo.

—¿Porqué dices eso? ¡Tal vez estás confundida! —mintió él, tratando de cambiar el rumbo de la conversación. —Aún te queda mucho camino que recorrer, Ancy. En un tiempo, pensarás distinto.

“Pude ver la luz de la esperanza apagarse en sus ojos. El anhelo de abrir su corazón a alguien se desvanecía por momentos. Parecía aplastada. Y aún así, por los momentos de silencio entre nuestras palabras, sabía que ella esperaba que la conversación terminara de manera distinta”, recuerda Andy.

Él insistió.

—Ryan (nombre ficticio) es un buen chico. Le gustas mucho.
—Él no me gusta a mí. Es un mentiroso. — Y a continuación narró un día en el que cazó a Ryan contándole una historia falsa.
—¡Oh, vamos, Ancy! Todos mentimos de tanto en cuanto. No seas tan severa con el pobre chico —dijo Andy– Todos contamos mentiras piadosas.

Ella, mirándole con socarronería, le dijo que tenía razón. “Tal vez decidió rendirse, consciente de que era inútil”, escribe Andy. “Al cabo de un rato, ella me concedería esa sonrisa, maliciosa pero juguetona”.

Le dijo a Andy que hablaría con Ryan y le daría una oportunidad. Le hizo creer que las cosas mejorarían. Dos horas después, en la estación de tren, la familia de Andy fue a despedirle antes de que partiera de vuelta al seminario. Mientras él hablaba con sus padres, vio que Ancy y Ryan tenían un momento de intimidad juntos. Le pareció que estaban bien. Verlos así alimentó las esperanzas de que la conversación que habían tenido un rato antes hubiera sido de ayuda para su hermana.

Pero Andy nunca lo sabría. Como tampoco sabría qué pensamientos cruzaron la mente de su hermana en los instantes antes de que ella decidiera poner fin a su vida.

“Me arrepiento de no haber hecho lo que debería: sincerarme yo también con mi hermana”

Después de ese día de diciembre en que su hermana quiso sincerarse con él, Andy no volvió a tener una oportunidad como ésa de hablar con Ancy en profundidad. “Me arrepiento de no haber hecho lo que debería”, escribe Andy. “Sincerarme yo también con ella, dejando de lado el falso sentido de la corrección que mi familia, la sociedad y la religión me habían inculcado”.

Tras la muerte de su hermana, Andy recordó que ella le había hablado de un cuaderno. “Todo está escrito en el diario”, le dijo ella. Andy se preguntó por qué se lo contaba: nadie iba a leerlo. Sin embargo, él lo hizo. Cuando abrió el cuaderno, se dió cuenta de que varias páginas habían sido arrancadas. “Ella era consciente de lo que estaba dejando”, dice Andy.

Leyendo las entradas de Ancy, fue consciente de cuán fuerte era la confusión y el sentimiento de culpa que oprimía a su hermana. Se veía a sí misma como una pecadora ante los ojos de Dios, cuenta él.

En el diario, Ancy hablaba de su amiga, la monja que tanto quería y que había dejado de hablarle cuando Andy visitó su familia días antes de su muerte. A medida que leía, Andy se percató que los sentimientos de su hermana hacia ella iban más allá de la amistad. “Había atracción.

Eran muy buenas amigas. Definitivamente, mi hermana estaba enamorada de esa monja”, dice Andy. “Creo que su muerte fue una manera de mostrarle que la amaba tanto que era capaz de morir”, afirma.

Todo lo que Andy sabe de la relación de su hermana con la monja es lo que halló escrito en los diarios. El resto, son suposiciones. “Para saber más… A no ser que fuera a hablar con ella… De hecho, sí. Tal vez algún día debería hacerlo”, afirma. Aunque duda que ella le contara nada.

La muerte de su hermana, cuenta Andy, le enseñó la importancia de ser honesto consigo mismo.

 

Tres

Lo que más me llamó la atención de Andy cuando le entrevisté por primera vez fue la claridad y convicción con la que hablaba, y la contundencia de su mensaje. Pero el detalle que hizo que despertara mi curiosidad, lo que me inspiró para querer saber más sobre su historia, fue su pasado religioso.

Andy consideró quitarse la vida en más de una ocasión mientras negociaba con su propia fe y sexualidad

Conocí a Andy a principios del 2015, mientras trabajaba en la Fundación Vicente Ferrer. Andy vino a Anantapur de visita acompañando a un amigo y antiguo voluntario, Jorge Soliveras. Fue este último quien me contó que, al igual que el fundador de la ONG, Andy también había sido miembro de la orden de los jesuitas. Ambos la dejaron por motivos parecidos. Por su manera distinta de entender la fe. Y por amor.

Cartel en el Gay Pride en la India
El término inglés “pride” (orgullo) se usa para reivindicar los derechos de la comunidad LGBT | John Karun Kumar

El camino por el que Andy transitó mientras negociaba con su fe y su sexualidad fue tortuoso. “En el cristianismo el sexo es un gran tabú, nunca hablas de él. En nuestra familia no había espacio para hablar de ello. Estas enseñanzas de la religión afectan a tu vida; la idea de que ser algo puede ser un pecado”, cuenta. Asegura que durante ese tiempo sufrió mucho. La idea de terminar con su vida, explica, cruzó por su cabeza en más de una ocasión.

Tras el incidente, Andy pasó los dos siguientes meses en casa con la familia. Estaban desolados. Andy aún recuerda con claridad uno de los episodios que le hizo distanciar de la iglesia.

Un día, un sacerdote jesuita con quien la familia tenía muy buena relación fue a su casa a oficiar una misa y celebrar la eucaristía. Fue al cabo de un mes de la muerte de Ancy. También asistieron algunos amigos próximos. Pero alguien se lo contó al párroco del pueblo, que no tenía constancia del acontecimiento y, según el funcionamiento jerárquico de la iglesia, debía ser informado para dar su consentimiento. Al domingo siguiente, en la iglesia, se refirió a la misa que había tenido lugar en la residencia de los Silveira de manera indirecta pero categórica y mostró su desaprobación. Eso estaba mal y no debía haber ocurrido sin su consentimiento. Alda y Antonio fueron a hablar con él. Al principio, el párroco fingió ignorar lo ocurrido, pero terminó por admitir que había presentado una queja a instancias superiores. Andy estaba furioso. “Si la iglesia no puede mostrar sensibilidad con una familia que acaba de perder su hija, si no existe la compasión tras una muerte, todo el resto me parece insignificante”, dice.

La idea que Andy tenía de la Iglesia empezaba a tambalearse.

Al cabo de unos meses Andy se mudó a Hyderabad, la capital del estado de Telangana, en el sur del país. Fundada a finales del siglo XVI por un sultán, la ciudad cuenta hoy en día con una gran población musulmana: el 30%, el doble de la media nacional. Según el censo del 2011, cuenta con 6,7 millones de habitantes, lo que la sitúa entre las cinco ciudades más pobladas del país.

Manifestación a favor de los derechos LGBT, en Hyderabad, India
En Hyderabad, una ciudad tradicionalmente conservadora, la comunidad LGBT es cada vez más visible gracias a las manifestaciones | John Karun Kumar

Tras estudiar filosofía, quería especializarse en literatura inglesa. Cursó un Máster en la English and Foreign Languages University de Hyderabad. Las clases que hizo le ayudaron a ser más crítico con su propia fe. Estudió las obras de William Shakespeare, William Blake y James Joyce. Vio en sus escritos una crítica de las normas, de las instituciones y la religión. A medida que leía, su confianza en la iglesia se desvanecía. “La iglesia deja más gente fuera de la que incluye, por lo tanto, tenía que marcharme”, afirma Andy.

Pocos días después de mudarse, Andy cogió un libro de la biblioteca sobre escritura creativa. Se interesó en la técnica del monólogo interior. Consistía en escribir todo lo que pasara por su mente, sin pausa, como en el último capítulo de Ulysses, Penélope, en el que James Joyce escribe un único párrafo a lo largo de varias páginas sin ningún tipo de puntuación.

“En el cristianismo el sexo es un gran tabú, nunca hablas de él. En nuestra familia no había espacio para hablar de ello”

Andy tenía un cuaderno para practicar los ejercicios de escritura. Decidió probar la técnica del monólogo interior. En el momento en que la punta de su bolígrafo tocó la página en blanco, Andy dejó que sus pensamientos fluyeran. Escribió una página, luego dos, y cuando estaba a punto de terminar la tercera se detuvo y comprobó lo que estaba escribiendo. Hablaba de un compañero jesuita, por el que hacía tiempo que se sentía atraído. Explicaba todas las cosas que deseaba hacerle.

“Se trataba de un deseo sexual muy fuerte”, dice Andy. La escritura fue una manera de tomar distancia consigo mismo y observarse tal cual era. “No hubiera querido aceptarlo, pero es lo que había escrito. Y me di cuenta que eso era algo que debía aceptar, y no negar”, afirma.

“Me di cuenta de que Dios está en mí. Y él es un Dios gay, y yo debo ser extremadamente respetuoso con ese Dios”

Fue en esa época cuando Andy, aún en la orden, descubrió el amor por primera vez. Fue correspondido. Tuvo una relación con su profesor de baile, un chico de Costa Rica que estaba en la India para aprender inglés. Ya no se trataba de las exploraciones sexuales de unos jóvenes jesuitas reprimidos. Había belleza en la relación. Andy se sentía querido, se sentía deseado. La historia terminó, pero Andy aprendió que era posible ser feliz siendo gay.

Por un lado, Andy se distanciaba de la iglesia. Por el otro, se acercaba, cada vez más, a él. Al final, la conclusión cayó por su propio peso.

“Me di cuenta de que Dios está en mí. Y él es un Dios gay y yo debo ser extremadamente respetuoso con ese Dios interior”, recuerda Andy. “Creía que había sido creado a imagen y semejanza de Dios, lo cual es una idea muy cristiana. Y yo solía preguntarme, ¿por qué soy gay? Y la respuesta fue que ‘Dios quiso que así fuera’. No se trataba de una aberración. Era una bendición. De entre toda la gente a quien podía haber hecho gay me escogió a mí. Eso me hacía único”.

El abril de 2008, dos años después de la muerte de su hermana, Andy dejó para siempre la Compañía de Jesús. Faltaba poco más de un año para que Andy saliera del armario y la comunidad LGBT de la India viviera uno de los episodios más importantes de su historia.

 

Cuatro

El objetivo de la lucha por el reconocimiento de los derechos civiles de la comunidad LGBT en el mundo ha sido siempre la igualdad; igualdad con respecto al trato que recibe el resto de la población. El reconocimiento de estos derechos casi nunca es fácil; hay que luchar.

Hay 73 países en el mundo que criminalizan la homosexualidad; algunos con penas de prisión, otros con la pena de muerte

Los éxitos suelen ser progresivos. Primero, el derecho a la existencia; es decir, a no ser perseguidos y considerados criminales. Según un informe de International Lesbian, Gay, Bisexual, Trans and Intersex Association de 2016 hay en el mundo 73 países que criminalizan las relaciones homosexuales; algunos, como la India, con penas de prisión; otros, como Irán o Arabia Saudí, con la pena de muerte. Luego viene el reconocimiento de los derechos civiles, como el matrimonio (legalizado en Estados Unidos en junio del año pasado) o la adopción de hijos e hijas por parejas del mismo sexo.

Lo que resulta menos común es que un país dé pasos atrás.

Mapa general de las leyes de orientación sexual en el mundo
Mapa general de las leyes de orientación sexual en el mundo | Fuente: Ilga (Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex)

 

La sección 377 del Código Penal indio data del año 1861. Ha llegado hasta nuestros días como una herencia del pasado colonial y el sistema legal del Imperio Británico. La ley prevé multas y penas de prisión por los actos de sodomía. Dice: “Aquella persona que voluntariamente tenga relaciones sexuales contra el orden de la naturaleza con cualquier hombre, mujer o animal debe ser castigado”. La jurisprudencia ha establecido que por “orden de la naturaleza” se entiende la penetración del pene en la vagina; en otras palabras, el coito entre hombre y mujer.

Técnicamente, la ley también prohíbe el sexo oral. Es frecuente escuchar a activistas bromeando y diciendo que la mayoría de heterosexuales también son criminales. Pero la sección 377 ha servido, básicamente, para perseguir a la comunidad homosexual.

La lucha legal por su derogación empezó en el 2001, cuando la ONG Naz Foundation Trust presentó una demanda ante el Tribunal Superior de Delhi pidiendo la derogación de la sección 377 y la descriminalización de las relaciones sexuales consentidas entre adultos (sin importar su sexo). La sentencia llegó el jueves 2 de julio de 2009.

“Declaramos que la sección 377 del Código Penal indio, en la medida que criminaliza los actos sexuales consentidos entre personas adultas en privado, viola los artículos 21, 14 y 15 de la Constitución”. Según la sentencia, el derecho a la privacidad, la libertad y la igualdad ante la ley prevalecían ante los prejuicios de parte de la sociedad. El sexo consentido entre adultos, por lo tanto, debía ser legal. Las relaciones entre personas del mismo sexo no eran una excepción.

A la sentencia, histórica, le siguió la euforia colectiva. “La palabra gay estaba en todas partes”, recuerda Andy. “Este cambio hizo que muchísima gente en la India saliera del armario, incluso yo salí del armario ese mismo año”.

Pero la sentencia no gustó a todo el mundo. Varios grupos religiosos del país pidieron al Tribunal Supremo que examinara el caso. La euforia duró hasta el 11 de diciembre del 2013. Ese día, el Tribunal Supremo declaró nula la sentencia del Tribunal Superior de Delhi. La sección 377 volvía a estar vigente. Las relaciones entre personas del mismo sexo volvían a ser delito en la India.

La ley dio un paso atrás, pero toda la gente que había salido del armario seguía ahí.

Le pregunté a Andy si se planteó volver dentro del armario.

“Por supuesto que no, nunca”, respondió. “Lo único que hizo la sentencia fue alimentar mi rabia”.

Edición a cargo de Catalina Gayà y Gerardo Santos
Edición fotográfica a cargo de Estefania Bedmar

Lee aquí la segunda parte del reportaje.

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