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8-M: crónica de la preparación de una huelga feminista

— Mañana, Día de la Mujer Trabajadora, está convocada una Huelga Feminista: un parón laboral pero, sobretodo, de cuidados, consumo, estudiantil y asociativo

— Las líneas que siguen son el seguimiento, en forma de diario, de algunos de los preparativos, asambleas y discusiones por las cuales han pasado las organizadoras

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Desde finales de los años setenta, cada 8 de marzo es 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora. El movimiento feminista ha ido avanzando en la defensa de la igualdad de género. Pero en 2017, al grito de “Ni una menos, vivas nos queremos”, las feministas argentinas sembraron la semilla de una huelga global de mujeres. En el Estado español, los sindicatos no la apoyaban, sólo convocaban paros simbólicos. Se podría decir que fue un ensayo general de lo que se pretende este año: una huelga de todas las mujeres a nivel laboral pero sobretodo de cuidados, que apoyan la CGT, la CNT, IAC, COS y partidos políticos como Podemos, Izquierda Unida, Barcelona en comú y la CUP (el PSOE secunda los paros de dos horas fijados por los sindicatos CCOO y UGT).

Pero, como dicen las organizadoras del 8-M, esto ni empieza ni termina el día 8. Desde mucho antes, la agenda de centenares de mujeres estaba llena de reuniones, convocatorias y acciones. Las líneas que siguen son una crónica de la preparación de la huelga en Barcelona en forma de diario. Un seguimiento de los preparativos, asambleas y discusiones por los que han pasado las organizadoras de esta Huelga Feminista.

“Las hormigas se comerán a Roma, está dicho”.
Julio Cortázar, Historias de cronopios y de famas (1962).

14 de febrero

Se ve que hay una leyenda que cuenta que San Valentín es patrón de los enamorados porque coincide con el momento del año en que las aves empiezan a aparearse. Hoy, para muchas mujeres en Catalunya y en el Estado español no tienen cabida los pajaritos. Ni las florecitas ni los corazones de azúcar. Hoy es Sin Valentín y Sant Violentí, el día contra el amor romántico, este que, según el manifiesto que corre hoy por Barcelona, “perpetúa los estereotipos de género y es la base de las relaciones tóxicas, provoca la aceptación de comportamientos abusivos y es la base de las violencias machistas”.

Llego a las siete de la tarde a la marquesina de Via Júlia con Joaquim Valls, en Nou Barris. Unas cincuenta personas esperan que comience el espectáculo sobre amor romántico del grupo La Trama, una parodia a base de anuncios de estética y canciones de Disney, que precede la mani de hoy. Sus convocantes —Ca La Dona, Novembre Feminista y la Coordinadora del 8-M— leen un breve manifiesto sobre el próximo 8 de marzo. Bajo el lema “Sin las mujeres, ni se produce ni se reproduce”, la huelga feminista se plantea como una parada del trabajo doméstico y de cuidados —las mujeres dedican el doble de horas al trabajo no remunerado, con 26,5 horas semanales respecto a las 14 que destinan los hombres—, de consumo —principalmente de productos gravados con la llamada tasa rosa; también porque las mujeres son responsables mayoritarias de los gastos del día a día—, estudiantil —por la reproducción de roles de género en la escuela, el instituto o la universidad— y asociativa. Y se reclama el derecho a la ocupación del espacio público. Como ocurre hoy, día de los enamorados.

 

14/02/2018. 20h. Via Júlia/Joaquim Valls, Nou Barris. © HELENA ROURA

 

La manifestación avanza por Via Júlia hasta la Plaça de la República. “Fora rosaris dels nostres ovaris!”. Y pasa al lado de una feria. “Mi vida, mi cuerpo, mi forma de follar, no se arrodilla ante el sistema patriarcal”. Camas elásticas, tómbola, caballitos y los típicos toros de feria: “En una tribu apache, hau-hau-hau, llena de mucho apache, hau-hau-hau”. La mani continúa, y la canción de los toros también: “Soy de la tribu de los cañoneros (…) de los que se pasan a las indias por la piedra”. Alucino. De pequeña nunca llegué a comprender la letra de esta canción. Las manifestantes ni la oyen, siguen con sus lemas: “¡Machitos! ¡Machitos! ¡Ya estamos hartas de machitos!” al ritmo de la melodía de Jesus Christ Superstar (1973).

Un hombre con pinta de jubilado pasea su perrito blanco. Ambos miran la hilera de mujeres. “¡Esta primavera, se lleva ser bollera!”. El hombre pone cara de estupefacción, pero a lo mejor sólo está absorto en su tarea, no sabría decirlo. En la Plaça de las Madres de la Plaza de Mayo, punto final de la mani. Pancartas al suelo, un corro y Àsia, de Novembre Feminista, toma el megáfono y lee el manifiesto. A mi lado, una conocida me cuenta que se ha mudado a Nou Barris y todavía no ha encontrado mucho movimiento ni espacios feministas. Está contenta de que Sin Valentín/Sant Violentí se haya celebrado aquí.

 

14/02/2018. 21:15h. Plaça de las Madres de la Plaza de Mayo, Nou Barris. © HELENA ROURA

 

Más tarde, en la parada de Verdum/Lorena, mientras espero el autobús de vuelta a casa, un chico y una chica se encuentran a una amiga justo en el momento en que ya llega el D40. Corren hacia ella, la saludan y corren otra vez hacia el bus. Con el cuerpo medio dentro, medio fuera, los dos la llaman:

—¡Ah! ¡Y feliz San Valentín!

 

15 de febrero

El Pati de Lletres de la Universitat de Barcelona está muy tranquilo. A las 12 del mediodía las estudiantes suelen estar en clase. O tomando un café o haciendo novillos, pero afuera hoy hace rasca.

Al otro lado de una puerta de madera monumental de este claustro, la asamblea de coordinación del 8 de marzo de la UB se reúne en el Aula Capella. Como buena capilla, hay eco. Alumnas, profesoras universitarias, trabajadoras de la biblioteca, miembros de asambleas de estudiantes, mujeres de la CGT. También algún lazo amarillo. En total, una treintena de mujeres.

—A mí, ya me perdonaréis, me sorprende un poco que seamos tan pocas… Es inquietante —comenta una de ellas.

Y es una preocupación compartida. La sensación general es que el mensaje de la huelga “no llega a todo el mundo”. Por eso se habla de colgar carteles en las facultades y pedir al Rector, sin mucha esperanza, una posición firme sobre la huelga.

 

15/02/2018. 12:45h. Aula Capella de la Universitat de Barcelona. © HELENA ROURA

 

La asamblea transcurre entre columnas de capiteles dorados y lámparas de araña de cristales brillantes, esculturas de vírgenes y santos y vitrales. Sobre las cabezas, un techo de bóveda de crucería. Y en las paredes, unos cuadros en los que se venera a una mujer con una criatura o tres mujeres cuidan de un hombre herido, o cansado; una de ellas le besa la mano.

De repente, sale EL TEMA: ¿cómo sensibilizamos a los hombres? ¿Cómo los incluimos en la huelga? Preguntas que generan susurros y debate. Desde el 6 de febrero, en la página de la Huelga Feminista hay colgado un artículo sobre qué pueden hacer los hombres el 8-M dirigido a todo padre, amigo, jefe, docente, director, compañero de trabajo, de clase, de militancia. Dos chicas de informática —“un grado muy masculinizado”— explican que, en su asamblea mixta, los chicos están participando con conciencia de no ser protagonistas.

—Pues mi hijo tiene 18 años y cree que sólo es huelga de mujeres —comenta una mujer de unos cincuenta años.

—Es que para mi la huelga ES de mujeres —discrepa otra—. Que los hombres pidan, que se impliquen, pero la huelga la tenemos que liderar nosotras.

Pero la huelga es general e incluye a la clase trabajadora, del sexo que sea. Y las dudas las tienen incluso profesores y catedráticos de derecho. Algunos dicen que, como esta huelga trasciende el ámbito laboral, es difícil saber qué efectos tendrá. Otros dicen que se podía haber planteado una huelga sólo de mujeres pero que, al no haber precedentes, generaba dudas por posible discriminación.

—Pero es que ya tenemos un día de la clase trabajadora: ¡el 1 de mayo! —exclama una mujer de la CGT—. Las demandas de esta huelga nos afectan a nosotras, como la desigualdad salarial, ¡que ya va siendo hora…!

La discusión habría estado eterna si una mujer, frente a mí, no hubiera alzado la voz: “¿Por qué a cada cosa que hacemos, incluso una huelga feminista, tenemos que hablar de ELLOS?”. Fin del debate: la visibilidad va a ser de ellas y lo que ellas harán será parar la UB.

Tras esta contundencia, sin embargo, se esconde la preocupación por la pérdida de una parte del sueldo. Algunas se quejan de la situación laboral: que si las profesoras asociadas cobran muy poco, que si el sector de la limpieza de la UB está externalizado —y mencionan a las Kellys como ejemplo de mujeres en lucha—, que si las trabajadoras de los departamentos tienen convenios que las dejan en tierra de nadie… Pero a tres semanas del 8 de marzo, no hay tiempo para todo. Acuerdan crear los canales para organizarse de forma interna, hacer difusión y preparar la carta al Rector.

El portalón de la capilla se cierra con un golpe sordo que dura unos instantes en su eco.

 

19 de febrero

De camino hacia la clínica donde cuidan de mi abuela, leo Teoría King Kong, de Virginie Despentes, pendiente desde hace tiempo. Y pienso que podría haber empezado este diario el 31 de enero, en la presentación de la traducción al catalán en la librería Calders, en aquella fiesta de feministas literatas. O por cualquier otra de las movidas feministas que se cuecen en Barcelona durante el año. ¿Por dónde empezar a explicar algo que no viene de ahora, ni de ayer, ni de mí? En cualquier caso, leo a Despentes y el concepto “proletaria de la feminidad” me hace pensar en la relación entre feminismo hegemónico y conciencia de clase. Y en Inés Arrimadas, que dijo que la huelga feminista esconde cuestiones ideológicas de fondo.

Llego a la clínica con estas ideas en la cabeza y resulta que aquí no se respira ningún tipo de movilización. “¿Ah, sí? Ni lo sabía”, me dice una auxiliar al preguntarle si hará huelga, mientras deja la bandeja de la cena para mi abuela. El sindicato mayoritario en este centro, CC.OO., no secunda la huelga de 24 horas pero sí los paros de dos horas. Sin embargo, ella no tiene ni idea. Otra auxiliar me cuenta cómo de imposible le es hacer una huelga:

—Una tiene su ideología pero, si te quieres mantener firme en las ideas, cobrarás menos a final de mes. Y yo no me lo puedo permitir. Si entraran dos sueldos en casa, todavía. Pero con hijos y todo…

Aquí casi todo son mujeres, desde la doctora hasta las enfermeras pasando por las auxiliares, las de limpieza, las trabajadoras sociales… Pero la convocatoria, a pesar de tener el apoyo más de trescientas organizaciones, claramente no llega a todas.

Más tarde, de vuelta a casa, paso por Sants, donde se ha organizado la primera asamblea abierta de la huelga feminista del barrio. En el punto de encuentro sólo veo un enorme lazo amarillo formado por personas: es una acción contra los presos políticos organizada por el CDR del barrio. Bajo la marquesina que tapa las vías del metro en Plaça de Sants, las veo: una cuarentena de mujeres organizadas por comisiones. Hoy es sólo el inicio: crearán un grupo de Telegram, se organizarán para hacer difusión en el barrio y elaborarán los materiales para la huelga, prácticas que se extienden a muchos otros barrios de la ciudad y el territorio.

Me voy a casa pensativa: en la clínica, mi abuela ya debe de dormir, las auxiliares ya deben de haber terminado su turno y deben de estar llegando a casa, seguramente cansadas, seguramente con tareas que hacer todavía.

 

21 de febrero

Piercings, arrugas, cabellos canosos, tatuajes, rebequitas. Bajo un techo lila, en la tercera planta de Ca La Dona, se sientan en corro más de cincuenta mujeres de colectivos, edades y orígenes diversos —todas blancas— en la asamblea de coordinación del 8 de marzo. Las Kellys, según me ha comentado la kelly Carmen Crespo, no están porque tienen asamblea. Aquí, las que llegan tarde hacen una segunda fila en el corro.

Teniendo en cuenta el volumen de gente y la cantidad de temas a tratar, lo cierto es que la asamblea avanza fluida. Alucino con las comisiones que hay. La de cuidados explica las propuestas que se han pensado para el día 8: comidas, espacios de guardería, una mani más corta para personas con movilidad reducida, un baby bloc. Dos mujeres de la comisión de migradas explican las reivindicaciones principales del colectivo y hacen traspaso de una acción que quieren llevar a cabo: hacer difusión de la huelga en la “zona alta”, donde trabajan muchas de ellas y donde consideran que no llega mucha información al respecto.

Las chicas de comunicación lo apuntan todo. Explican que la idea es crear un mapa interactivo con todas las acciones que se hagan. En toda Catalunya. “Que la gente se mueve fuera de Barcelona, eh?”, dice con sorna una compañera. No todas son de la capital.

 

21/02/2018. 21:15h. Planta 3 de Ca La Dona, Ciuta Vella. © HELENA ROURA

 

De repente, frente a mí alza el brazo una persona de pelo largo de un azul cian desteñido: es una periodista translesbiana de Turquía que propone retransmitir la jornada de huelga en streaming a nivel mundial a través de la Mosca TV. Estuvo presente en el 15-M en España y en el Occupy Wall Street en Nueva York, donde estuvo haciendo pruebas. Realiza su intervención en inglés con traducción simultánea de su amiga catalana, sentada a su lado.

—¿Todas sabéis qué es streaming? Porque claro… —interviene una chica joven.

—Sí, bueno… Un canal, ¿no? Sí, sí —murmurios de asentimiento entre las mayores.

Se le comenta que, justamente hoy, se ha creado una agencia de comunicación para cubrir la huelga y que se convoca a toda mujer, lesbiana y trans, así que perfecto. Toma la palabra la comisión laboral, que plantea piquetes informativos en sectores como la sanidad, la educación o la hostelería. Con Dones Juristes, que ofrecerán cobertura legal para el día 8, están trabajando desde ya para resolver dudas sobre la huelga. En este punto, una mujer que habla en nombre de “comarcas de Girona” genera polémica: “No se trata de una huelga sino de un paro, ¿eh?”. Silencio, jadeos. Parece ser que es un tema discutido otras veces:

—Llevamos desde el 2014 pidiendo la huelga de 24 horas y eso es lo que se pide desde la Huelga Feminista, no “otras cosas” que piden “otros sindicatos” —interviene Marta, la moderadora—. Hay muchas opiniones diferentes pero se optó por esto. Y, si no, no te adhieres. ¿Es necesario que recuerde el consenso que había?

Empieza así una discusión que va más allá de la terminología. La chica de mi lado me cuenta que llevan un año negociando con los sindicatos para conseguir el apoyo a las 24 horas. Al fin y al cabo, son los únicos habilitados para hacerlo porque el hecho de no consumir, no ir a clase o no cuidar a familiares no es formalmente una huelga. “¡Con dos horas no se visibiliza nada!”, oímos que replica una mujer. “Esto es totalmente desmovilizador”, opina otra.

—Esto, lo que es, es un debate superado. Seguimos —zasca de la moderadora.

Ya son casi las nueve. Algunas comienzan a mirar el móvil. Son tiempos de grupos de Telegram. Una chica que viene en representación del sector cultural explica que hay miedo a hacer huelga, que las actrices son pocas, de caras visibles y nombres conocidos. Nos invita a imaginar la Sala Gran del Teatre Nacional o del Lliure vacías y tener que devolver el dinero de las entradas. “Esto sería una muy buena acción…”, se comenta entre susurros.

Antes de levantar la sesión, se hace un repaso de la jornada de huelga y se comunica que se ha acordado incluir las demandas de las trabajadoras sexuales en el manifiesto de la Huelga Feminista. “¡¿Qué?!”, exclaman algunas. De nuevo, la chica de mi lado me cuenta que este tema se había discutido hace semanas en una asamblea tan eterna como eterno es el debate entre abolicionistas y partidarias de la regulación de la prostitución. Hoy, antes de la plenaria, la comisión laboral ha llegado a un acuerdo. Pero, claro, a muchas les ha pillado por sorpresa.

Afuera, de noche y con frío, una prostituta y una abolicionista siguen la discusión a pesar de saber que ya está decidido. A pesar de la tensión, se despiden con cordialidad. Hasta el próximo miércoles, en la próxima plenaria.

 

24 de febrero

Son las 11 de la mañana de un sábado. Se oye un rumor cerca del Hotel Hilton de Diagonal Mar pero no veo a nadie. Camino hacia el centro comercial y entonces sí: delante del Marriott, de la cadena AC Hoteles, miembros de las Kellys Barcelona y de la CNT se manifiestan contra la cesión ilegal de trabajadoras. El Marriott es uno de los tantos que han externalizado a toda la plantilla de camareras de piso.

 

24/02/2018. 11:40h. Passeig del Taulat, hotel Marriott, Sant Martí. © HELENA ROURA

 

Son unas quince personas como mucho. “Ahora lo decíamos: muchas redes y mucho grupo de Telegram pero luego a las acciones no viene nadie”, me comenta Sandra, de la comisión de género de la CNT. Tanto ayer como hoy, hay acampadas y acciones de protesta contra los presos políticos del 1 de octubre. Además, mañana llega el rey Felipe VI para inaugurar el Mobile World Congress. Quizás por eso gente que había dicho que vendría hasta El Maresme/Forum —o que había hecho RT o like a la convocatoria—, no ha venido.

Uno de los botones del Marriott sale a fumar a la puerta del hotel, llena de pegatinas de la huelga feminista y manifiestos de la CNT. “¡Manos arriba, esto es un contrato!”, gritan las concentradas. Un grupo de guiris, la mayoría asiáticos, abandonan por un momento sus ordenadores Mac y miran el espectáculo a través de los cristales del hotel de lujo. Llega un autocar y las concentradas aprovechan para explicar la situación. “Oh my God”, responde una turista, que acto seguido coge sus maletas y se va. Las concentradas continúan: “Por un euro cincuenta, ¡limpia tú!”.

El mismo botones que fumaba vuelve a aparecer, preocupado. Las entiende pero pide que, por favor, no peguen adhesivos en los cristales. Entonces, de una puertecita metálica en el lateral del Hotel Barcelona Princess, veo que un hombre con traje sale corriendo hacia la concentración. Se le recibe con suspicacia pero el hombre viene a buscar una octavilla. Da la mano a un hombre de la CNT de unos cincuenta años, vuelve a cruzar el Passeig del Taulat leyendo el manifiesto y se vuelve a meter en la puertecita.

 

24/02/2018. 11:35h. Hotel Marriott, Sant Martí. © HELENA ROURA

 

“Gracias por venir, compañeras”, dicen sonriendo las Kellys presentes. Ya es casi la una del mediodía y nos empezamos a despedir. El hombre de la CNT que ha dado la mano al hombre del traje saluda con la mano:

—Me voy para casa a hacer las tareas del hogar, ¡que si no mi mujer me mata!

En el metro, con dos chicas de la comisión de género de la CNT, elaboramos todo un debate en torno a esta frase lanzada con la mejor de las intenciones y entendemos que hay ciertos discursos que todavía están lejos de desaparecer.

 

26 de febrero

“Todas las huelgas hasta ahora han sido feministas a excepción de esta, que al ser solo de mujeres es completamente machista”, leo esta mañana en un comentario de una tal Anónima en un artículo de El Salto. A diez días del 8 de marzo, el tema de los hombres y la huelga aún no se ha resuelto.

En el autobús, otra vez de camino a la clínica, recibo por el grupo de Telegram de la asamblea feminista de Sants el cartel que han preparado los hombres que organizarán el espacio de cuidados. Aparece un chico vestido de cocinero y surge la polémica: ¿por qué la imagen de un hombre? Una chica aclara que la imagen es de un fotógrafo libanés que hizo un reportaje en clave feminista, pero se pide modificar el cartel. En los grupos abundan estos debates internos. También las situaciones divertidas, como la confusión entre ‘hombres cis’ —que se utiliza como oposición a trans para describir la identificación con el sexo o género asignado— y ‘hombres del CIS’, que resulta ser el Casal Independentista de Sants.

—El planteamiento es ponerse a disposición de lo que haga falta —me comenta, por otra parte, Xavi, del Casal de Joves de l’Esquerra de l’Eixample—. Justo hoy se ha creado un grupo de whatsapp de hombres del barrio para encargarnos de todas las tareas necesarias para que las mujeres puedan implicarse al 100% en la huelga.

Algunos son de los esplais y caus del barrio, otros son del CDR, y todos tienen la inquietud de “hacer algo” para la huelga. Cada día, por su parte, grupos de mujeres se organizan para repartir octavillas y preparar materiales. En Gràcia, hoy hay un taller de decoración de delantales para colgarlos en el balcón o en la ventana el día 8, una acción que ya hace días que se lanzó a nivel estatal: “Si trabajas en casa y no puedes hacer huelga, ¡cuelga tu delantal! Así sabremos que estás con nosotras”. Más tarde, en la librería libertaria Aldarull, un chico me regala tres que han sobrado.

 

03/03/2018. 12:25h. Plaça de la Vila de Gràcia. © HELENA ROURA

 

28 de febrero

Llego pasadas las siete a Ca La Dona, en la última asamblea general antes del 8 de marzo, que ya ha comenzado, y reconozco caras de la asamblea de la UB, la plenaria del día 21 y concentraciones diversas. Se está discutiendo sobre el final de la manifestación, más festivo que político, de más conciertos y menos parlamentos. “Sí, tú, que ha sido un mes… bastante intenso”, comenta una mujer, y el resto ríen, cómplices.

El clima se enrarece cuando una mujer explica que la convocatoria de huelga de transportes públicos se ha convocado de cinco a ocho de la tarde: “¡Manda narices!”, exclama una compañera. “¿Y cómo tenemos que venir las de fuera de Barcelona?”. Explican que se pidió que los servicios mínimos fueran a partir de las seis y media para poder llegar a Barcelona a tiempo para la mani unitaria. Pero los sindicatos han pactado que metro, autobuses, tranvía y ferrocarriles reduzcan el servicio a la mitad de cinco a ocho.

La chica que tantas veces me ha aclarado dudas hoy está sentada un poco más lejos. Comenta que CC.OO. habla de “manifestaciones descentralizadas por la tarde” y que esto crea confusión, porque la manifestación grande es en Barcelona. Una mujer de la UGT le aclara que esto de “descentralizadas” hace referencia a las convocatorias de Tarragona y Girona. Y un guirigay otra vez en contra de los sindicatos mayoritarios.

—Chicas, somos muy pesadas nosotras mismas con nosotras mismas —dice, entre divertida y cansada, la moderadora, y pide no alargar los debates. La mujer de la UGT seguirá resoplando y negando con la cabeza de ahora en adelante.

La intervención de la comisión de economía es breve: “No tenemos mucho dinero”. Empiezan un repaso de los posibles gastos y necesidades de cara a la huelga cuando una mujer toma la iniciativa, medio en broma: “Pasamos la gorra, ¿no?”. Pero se la toman en serio y empieza a rular un gorrito de lana. Se habla de dinero para walkie-talkies, el alquiler del camión, los megáfonos…

—Este año habíamos decidido hacer una pancarta menos cutre que la de otros años —dice la moderadora. Todas ríen—. Pero si no hay dinero, pues ¡algodón y tinta!

Entonces, Marta, moderadora de la plenaria anterior, recuerda que un grupo de mujeres jubiladas con pensiones dignas querían colaborar con la caja de resistencia. Y también mujeres que trabajan en empresas “feministas”, que no les descuentan dinero para hacer la huelga. El gorrito de lana está cada vez más lleno, pero hay quien se incomoda: “Ya me perdonaréis, pero yo ya he pagado la T-10 para venir hasta aquí”, se excusa una joven del Baix Llobregat. Se decide, finalmente, abrir una cuenta corriente entre particulares: “¡No dejaremos de hacer una buena pancarta por falta de dinero!”.

La sala comienza a vaciarse a cuentagotas. Son las nueve pasadas. Abrigos, bufandas enormes y paraguas. En la calle hace frío: hoy el día se ha levantado nevando. La última nevada fuerte en Barcelona, la recuerdo, fue en 2010. Precisamente, el 8 de marzo.

 

3 de marzo

Hace un sábado de cielo claro y sol deslumbrante. La Rambla de Canaletes está llena de esta vida de maletas, gente de compras, policía, turistas, actividad en los quioscos. En la fuente, un grupo de militantes de la CNT se prepara para una acción contra la esclavitud en la industria textil y para hacer difusión de la huelga feminista. Uno de los chicos, presente también en la concentración del Marriott, mira a su alrededor y me comenta la poca sensación de huelga:

—Los sindicatos minoritarios llevamos mucho tiempo advirtiendo que el mundo laboral está dominado por UGT y Comisiones Obreras… Yo trabajo en un polígono y, allí, peña de CC.OO. ha estado repartiendo octavillas del paro de dos horas —me explica—. Si finalmente la huelga es un éxito, será una derrota para ellos.

Y pienso en las mujeres de la asamblea de la UB —creada hace 15 días en aquel eco del Aula Capella—, que tampoco tienen mucho apoyo. Ayer me puse en contacto con ellas por si ya habían escrito al Rector. “Hemos enviado dos cartas”, me respondieron. Pedían que se cerrara la UB y apoyo en la difusión. “No nos ha contestado a ninguna”. El día 1, sin embargo, la UB publicó un comunicado en el que el rector Joan Elias dice que, a fin de permitir la participación, “considera conveniente la no programación de actividades evaluables o de asistencia obligatoria durante la jornada del 8 de marzo”.

 

03/03/2018. 11:15h. La Rambla de Canaletes, Ciutat Vella. © HELENA ROURA

 

En Canaletes, las chicas de la CNT ya han terminado de definir la acción. Las sigo por la calle de Santa Ana hasta el Portal de l’Àngel. Chicas en los umbrales de las tiendas me ofrecen muestras de cremitas y colonias, y en los escaparates, maniquíes de chicas blancas, delgadas, inexpresivas. A la señal, comienza la acción: los cristales de Zara comienzan a asumir carteles de la huelga mientras una chica lee el manifiesto y llama a todo el mundo a la huelga general feminista. El aire se tiñe de lila del humo que sale de los botes que abren dos chicas de capuchas negras y antifaces también lilas. La gente se para y se acumula. Hay quien hace fotos, hay quien graba, hay quien aplaude y hay quien critica. La encargada de la tienda de Inditex, tímida, intenta comunicarse con las activistas. Se vislumbra la Guàrdia Urbana y tanto la acción como las militantes se esfuman en cuestión de segundos.

 

03/03/2018. 11:40h. Portal de l’Àngel, Ciutat Vella. © HELENA ROURA

 

De vuelta hacia la Vila de Gràcia, me llega un fuerte olor a mierda: hoy es Sant Medir, el barrio se ha levantado con batucadas, caramelos al aire y un crec-crec bajo los pies. Un grupo de chicas de la asamblea feminista del barrio reparte octavillas en las esquinas de la Plaça de la Vila, donde también cuelgan manifiestos de unos hilos, como ropa tendida. Aquí, el olor a heces de caballo ha dado paso al olor de la paella que se está cociendo junto a la fuente.

 

7 de marzo

—¿Se ha explicado suficientemente bien esta huelga? —pregunta Pere Bosch, presentador de Els matins de TV3.

—Esta huelga lleva tiempo trabajándose, se quería llegar al máximo número de mujeres y hombres posible pero, al haber convocatorias muy distintas, ha generado bastante desconcierto —responde Marta Padrós.

Por el nombre y con un plano general, al principio no la reconocí pero, de repente, vi, maquillada y bien vestida, a Marta, la moderadora de la asamblea de Ca La Dona. El lunes 5 fue a la tele en nombre de los colectivos de la Huelga Feminista y resumió en tres líneas lo que se ha hecho en días, semanas, meses. Y pienso que es como una especie de metáfora de las tareas invisibles, de lo que no se ve. La huelga se ha explicado, o al menos se ha intentado, durante un mes que me ha pasado volando.

Como ocurre con tantas cosas, llegar a toda la ciudadanía es complicado. La gran mayoría de los entrevistados por TV3 dicen: “Creo que hay que hacerlo de otras maneras”, “Tengo que traer dinero a casa”, “La causa es buena pero si se vuelve un asunto político no quiero participar”, “Iré a trabajar porque es una huelga convocada por las mujeres y yo soy un hombre”, “Esta huelga no me afecta”, “Yo no me lo he planteado, aún”.

Escribo esto y siento como si hubiera estado haciendo el seguimiento de las hormigas de que habla Cortázar, que quieren comerse Roma. Pero Roma es enorme y resistente. Y aún lo es más para las mujeres racializadas, porque Roma no es inclusiva del todo: eran todo mujeres blancas en aquella asamblea en Ca La Dona pero también en el resto de acciones y reuniones que he presenciado, ahora que miro atrás. Por eso, Afroféminas ha comunicado que no se suman a la huelga feminista. A nivel laboral, parecía que ya no habría cambios pero finalmente el sindicato de la enseñanza de Catalunya (USTEC-STEs) ha formalizado la llamada a la huelga de 24 horas. En los últimos días, también se han movilizado las periodistas y comunicadoras, con más de 6.000 adhesiones.

A medida que se acerca el día de mañana, se intensifican las reuniones y acciones en los barrios. En la clínica, mi abuela debe de estar a punto de comer rodeada de mujeres que secundan ideológicamente la huelga pero que sienten que no pueden hacerla. En Ca La Dona, a pesar de ser miércoles, ya no habrá plenaria. Hoy, todas ellas estarán en sus barrios, pueblos y villas preparando la huelga.

¿Ondearán muchos delantales mañana?

 

Edició a càrrec de Gerardo Santos
Edició gràfica a càrrec d’Estefania Bedmar
Traducción al castellano por Helena Roura

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— Mañana, Día de la Mujer Trabajadora, está convocada una Huelga Feminista: un parón laboral pero, sobretodo, de cuidados, consumo, estudiantil y asociativo

— Las líneas que siguen son el seguimiento, en forma de diario, de algunos de los preparativos, asambleas y discusiones por las cuales han pasado las organizadoras

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