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Violencias

“Te critican por decir ‘euroblanco’, que es como decir indígena”

— “Todo el mecanismo legal para la persecución y la deportación en Europa contempla el tema de la nacionalidad, no solo la blanquitud”, asegura Daniela Ortiz

— Según el informe de SOS Racismo de 2016 en el Estado español, el 21,86% de las denuncias que llegan a Oficinas de Información y Denuncia (OID) son de racismo institucional

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El 12 de noviembre, 3.500 personas racializadas salieron a las calles de Madrid para reclamar “una sociedad sin racismo”. Una primera gran marcha organizada por las comunidades migrantes y racializadas que exigen acabar con el racismo que campa tanto en el ámbito institucional y político, como en la calle, denuncian, y se reclaman como sujetos políticos por la construcción de un nuevo proyecto social.

Días antes nos reunimos en una cafetería del barrio del Clot de Barcelona con Daniela Ortiz (Cuzco, 1985), activista y artista que recientemente ha publicado el libro El ABC de la Europa Racista (2017) y Úrsula Santa Cruz (Lima 1966), psicóloga comunitaria especializada en violencias contra las mujeres. Con ellas, hablamos de ese gran tema, las multidimensiones del racismo heredero de un legado colonial, ignorado en gran parte de las agendas, también de la izquierda y el feminismo blanco. Y, en concreto, las violencias que éste implica contra las mujeres migrantes.

Nos sentamos en la terraza del bar ‘La Granjeta’, en la plaza de Font i Sagué del Clot, y pocos segundos después de acomodarnos, el camarero nos toma nota.

Con el ritmo acelerado, Daniela cuenta como hoy ha tenido varias reuniones, ha bañado y ha dado de comer a su hijo. Como le suele pasar, sus cosas quedan para el final y no ha tenido tiempo de comer nada, comenta. Son las cinco y diez de la tarde cuando comenzamos la entrevista.

–¿A qué os referís cuando hablais de racismo institucional?

D: –Hay diversas dimensiones. Por ejemplo, los discursos (europeos) nos dicen que los que invaden son los migrantes; pero ¿quién invade en realidad? Es Europa la que tiene esta lógica porque los migrantes tenemos una legislación encima que no nos permite acceder a muchos trabajos, espacios, etc. Quieren que te “in-te-gres” –dice Daniela marcando con las manos las comillas a las que se refiere– en otra sociedad, que aprendas otra cultura y certifiques que la sabes para poder formar parte de la sociedad, o sea para que te den los papeles. Esto es racismo y no creo tanto en que no se quiere ver sino que hay una posición política de negarlo.

El concepto de racismo institucional nace en los años sesenta en EE.UU. en el contexto de la lucha por los derechos de los afroamericanos para hacer alusión a aquellos ordenamientos legales y pautas de conducta establecidas con las que el grupo dominante oprime al grupo subordinado, como se explica en el libro Poder negro: la política de liberación en Estados Unidos, de Stokely Carmichael y Charles V. Hamilton.

En la actualidad, la Ley de Extranjería, la existencia de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), la negación al voto o las redadas son algunos de los ejemplos de racismo institucional que comentan Daniela y Úrsula.

–¿Cómo comenzasteis a ser conscientes de que existía un racismo inherente a la estructura?

D: –Vine acá hace diez años. Me quería venir a Europa engañada por la imagen eurocéntrica de que el arte está en Europa, que todavía funcionaba en mi cerebro muy colonizado. La situación que me encontraba allá era que tenía que ir a la universidad privada porque la escuela de bellas artes pública no funcionaba y los estudios eran muy caros y fue a raíz de eso que dije “bueno me voy a España donde la universidad es pú-bli-ca”.

Me vine con una autoimagen exotizante. Me acuerdo que me presentaba como “¡Soy peruana!”, “¡Mira, una peruana en Europa!”. Y yo no sabía que había todo el rollo de la migración acá ni que me encontraría con: “peruana de mierda, fuera de mi país”. Y de pronto te das con todo este sistema que te dice: tú eres esto y hasta acá tú puedes llegar –añade Daniela–. Vine como estudiante y aunque el tema del visado fue bastante pesado, como estaba tan emocionada, no me daba cuenta de cosas como que me estaban haciendo exámenes de sífilis y de tuberculosis para poder venir acá.

“Esta imagen que nos venden de Europa sí que existe pero no es para nosotras”.

Daniela explica que uno de los requisitos para obtener el visado (en este caso de estudiante) para estancia superior a 180 días en España, es que las personas deben presentar un certificado médico en el que se acredite que el solicitante no padece ninguna de las enfermedades que pueden tener repercusiones de salud pública graves, de conformidad con lo dispuesto en el Reglamento Sanitario Internacional de 2005.

Y continúa relatando su historia.

D: –Después de los estudios me quería quedar más tiempo y me quedé sin papeles unos seis u ocho meses. Fue allí donde empecé a leer la Ley de Extranjería para buscar una grieta y poder meter mi renovación de visado. En ese tiempo descubrí que había los CIE y, con el tiempo, hice el análisis de todos estos mecanismos de violencia legales que genera la Ley. Hay gente que dice que en Europa no hay lo que nosotros (migrantes) vemos desde fuera. Esa imagen que nos venden de Europa sí que existe, pero no es para nosotros.

El caso de Úrsula fue algo distinto. Ella lleva 15 años en Barcelona. Nos cuenta que vino porque su madre y sus dos hermanos ya vivían aquí, pero su intención era venir, trabajar en el servicio doméstico (igual que su mamá), ahorrar para estudiar y regresar a Perú, donde estaba su compromiso en las zonas rurales de Lima.

–¿Qué pasó? –le pregunto.

Ú: –Las cosas no fueron como yo pensaba. Conseguí el trabajo, pero en ese momento cambiaron la modalidad del procedimiento para conseguir los papeles. Antes, el visado en Perú era automático, pero en ese momento cambia y tenía que ir allá y pasar una entrevista, pero mi abogado me recomendó que me quedara, y me quedé. Conseguí regularizar mi situación, pero estuve dos años y medio sin papeles y trabajé cuatro años en el servicio doméstico. Todos los días.

 

Úrsula explica su llegada a España y los problemas que tuvo para conseguir los papeles © Claudia Frontino

 

Según el reciente primer estudio que se realiza en España sobre la indústria del control migratorio realizado por la Fundación porCausa, entre los años 2007 y 2017 España ha destinado unos 896 millones de euros procedentes de recursos públicos a una diversidad de actores privados para llevar a cabo actividades relacionadas con el sistema de control migratorio.
De estos, el 97% de los fondos, que provienen de Europa, se han destinado, a través de contratos públicos, al control y la protección de los perímetros fronterizos (como las vallas de Ceuta y Melilla o el Mediterráneo), y a la detención y expulsión de inmigrantes en situación irregular (CIES o vuelos de deportación).

–Daniela, has publicado recientemente un libro llamado El ABC de la Europa Racista, que recuerda a los libros infantiles para aprender el abecedario. ¿Cuál es el objetivo de este libro?

D: –La idea de este libro surgió cuando al llegar aquí encontré un libro para enseñar el abecedario a los infantes que se llamaba De la A a la Z con Cristóbal Colón. Aluciné. Es un libro para aprender las letras pero con un lenguaje colonizador.

“Todo el mecanismo legal para la persecución, la deportación o la detención en Europa utiliza el tema de la nacionalidad”.

El libro de Daniela es fácil de encontrar en el catálogo en línea de las bibliotecas de la Diputación de Barcelona. Se trata de un librito de unas 30 páginas, tapas blandas y tamaño más bien cuadrado, amable para el público infantil. Cada letra va acompañada de una palabra, su texto explicativo y un dibujo: A de América, B de Barlovento, C de Colón, D de Divisar, E de Especias, F de Fernando II, G de Guanahaní, H de Heroicidad, I de Indias, (…) M de Maíz, (…) Z de Zarpar.

 

Un niño posa para una foto con una estatua humana de La Rambla caracterizada como Cristobal Colón © Claudia Frontino

 

D: –Lo que propongo desde mi trabajo es que pare ya la lógica para que se nos deje de analizar constantemente (a los migrantes). Hay cientos de miles de trabajos universitarios donde lo que se analiza es hasta la uña del inmigrante. Nosotros vivimos y sufrimos el racismo, pero quienes tienen el problema son los blancos y la sociedad europea, como dice la escritora Grada Kilomba.

La frase del libro que Daniela ha elaborado para la letra O, acompañado de una viñeta de estilo cómic donde se puede ver una persona indígena que tiene a una persona blanca amarrada, dice: “El Odio racista europeo se Observa en sus libros, alimentos y canciones para niños. Debemos Organizarnos e imponernos en las representaciones que hacen de nosotros, el Orden colonial Opresor. Leamos y Oigamos a nuestra gente”.

D: –Lo que tenemos que analizar es la sociedad europea y para hacerlo hay que analizar la blanquitud y la condición de europeo. Cuando digo euroblanco me refiero a blanco por su privilegio de pigmentación, y a europeo, porque la condición de europeo es muy importante, ya que el racismo clásico desde la blanquitud sólo se relaciona con el color de piel, mientras que ser o no europeo marca ya hasta dónde puedes llegar.

Esto es una estrategia para desactivar todos aquellos otros marcadores de racismo, como el pasaporte. Todo el mecanismo legal para la persecución, la deportación o la detención en Europa utiliza el tema de la nacionalidad. Y por decir esto me señalan. Eso es un ejemplo de la constante que las poblaciones migrantes y racializadas sufrimos en el momento que tratamos de articular una forma de entender el mundo.

“Si eres peruano con permiso de residencia de un año tu hijo será peruano con un permiso de residencia de un año”.

Úrsula asiente con la cabeza. Nos cuenta que en el año 1991 se fue a Japón donde se estuvo hasta 1993 cuando fue detenida, encerrada y deportada de regreso a Perú: “Y cuando aquí en Barcelona me quedé sin papeles fue horrible porque era como revivir esa dura experiencia, con el miedo constante a que me deportaran”, añade.

–¿Qué tipo de violencias se producen en la oficina de extranjería?

D: –En la oficina de extranjería hay muchísima violencia, por ejemplo, puedes tardar tres meses en conseguir una cita. Los matrimonios son verdaderos interrogatorios y cuando tienes un hijo, los primeros tres o cuatro meses pueden pasar situaciones como que no saben qué tipo de permiso le toca, como me pasó a mí. Entonces te mandan a sacar papeles y todo eso es tiempo. Te dejan sin saber qué va a pasar con los papeles de tu hijo. Esto también es tu maternidad y esta maternidad las feministas blancas no la ven.

 

 

Colas en la oficina de extranjería de Passeig St Joan (Barcelona) a primera hora de la mañana © Claudia Frontino

 

Su “peque”, como llama cariñosamente a su hijo, reclama constantemente la atención. Ella nos cuenta que se lo lleva a todas partes y que está acostumbrado a ir de un lado para otro, estar en reuniones, en presentaciones, en conferencias, etc. “Reivindico mucho que yo soy así y todo el día estoy con él encima, de manera que no lo quiero obviar”, dice mirándole dulcemente a los ojos y sonriéndole.

–¿Qué problemas tiene tu hijo respecto los trámites de su nacionalidad?

D: –Los hijos de personas migrantes no son considerados nacionales aunque hayan nacido aquí, porque lo que funciona es el derecho a la nacionalidad por herencia de sangre. O sea, que si eres peruano con permiso de residencia de un año tu hijo va a ser peruano con permiso de residencia de un año.

En sus diez años en Barcelona, Daniela ha tenido que renovar cuatro veces el visado de estudiante, hizo el trámite del matrimonio para conseguir los papeles, la renovación de estos papeles, un intento de nacionalidad y, ahora, los papeles de su hijo.

De hecho, en su libro El ABC de la Europa Racista, el funcionario de la oficina de extranjería protagoniza la página de la letra H, ilustrado como un saltamontes salido de las cloacas y con una mesa llena de documentos sucios.

“El funcionario de la oficina de extranjería es quien Hostiga y Humilla a las personas migrantes solicitantes de asilo. La Horrible violencia burocrática Hunde la idea de sentirse en un Hogar”, relata en su libro.

–¿Y los servicios sociales, son racistas?

U: –¡Uffff! –exclama Úrsula, poniéndose las manos en la cabeza.

A su vez Daniela dice“¡clarooo!” y sigue:

D: –Yo soy madre soltera, tengo una situación de vulnerabilidad a nivel económico y no me atrevo a acercarme a los servicios sociales para pedir ayuda ni la tarjeta de familia monoparental por miedo a lo que pueden activar.

–¿Qué se puede activar?

U: –Hay muchas mujeres a las que los servicios sociales les han quitado sus hijos. Existe un cuestionamiento de la maternidad hacia la mujer migrante.

D: –Un ejemplo es el caso de una compañera nigeriana que vivía en Palma de Mallorca. Su marido no tenía papeles y lo deportaron. Ella fue a los servicios sociales y le decían que le tenían que quitar a sus hijos porque “no los podía mantener en condiciones óptimas”. Porque la mujer inmigrante tiene que demostrar de entrada un trabajo que permita mantener a sus hijos y un piso en condiciones. O sea, tienes que tener las condiciones de vida de un hombre blanco europeo.

–¿Qué pasa con la reagrupación familiar?

D: –El sistema de reagrupación familiar está diseñado para que tú no puedas traer a tus hijos. Aproximadamente, lo que te demoras en un proceso de reagrupación es entre tres y cuatro años. Tienes que demostrar un contrato de trabajo con un salario específico y una casa en condiciones, de nuevo, igual que un hombre blanco de clase media. No tiene ningún sentido.

 

Daniela sostiene a su hijo, que se acaba de despertar, durante una parte de la entrevista © Claudia Frontino

 

–¿Qué otras violencias sufren las mujeres migrantes racializadas, aparte de la institucional?

Ú: –Por ejemplo, el abuso sexual en el servicio doméstico y la propia explotación laboral también en el servicio doméstico, la trata o las mutilaciones genitales.

D: –Y todas las violencias que vivimos de parte de las mujeres blancas que tienen que ver con la construcción de mujer latinoamericana, de este imaginario de la mujer calentona. Por ejemplo, se dan casos que las trabajadoras domésticas tienen una relación con la persona que cuidan, y las familias se oponen a esas relaciones porque son mujeres latinoamericanas y se las acusa de querer robar dinero.

U: –En ese tipo de relaciones hay mucha violencia racista porque tiene que ver con su procedencia –añade Úrsula, que sabe muy bien de lo que habla por su experiencia en el sector.

D: –En los CIE también se han dado casos de abusos sexuales y en la oficina de extranjería también, como favores sexuales para adelantar tus papeles. Los interrogatorios donde el matrimonio desde un primer momento ya está puesto en cuestión, entre otras. Las violencias son múltiples.

Según el informe anual de SOS Racismo de 2016 sobre racismo en el Estado español, el 21,86% de las denuncias que llegan a Oficinas de Información y Denuncia (OID) son de racismo institucional, seguidas de las denuncias por conflictos y agresiones racistas (27,53%). De las denuncias referidas a racismo institucional, la mayoría, un 52%, están relacionadas con el trámite de extranjería por el que debe pasar cualquier persona extranjera que quiera regularizar su situación administrativa, seguidas de los problemas que tienen para obtener la nacionalidad, un 28%, y los Centros de Internamento de Extranjeros (CIE), un 11%.

–¿Es económicamente beneficiosa la inmigración, en este caso, para el Estado español?

D: –Siempre la discusión con la inmigración es cuán beneficiosos somos a nivel económico. Y de hecho, nosotras mismas muchas veces incorporamos en el discurso el estar justificándonos todo el rato. Pero la lógica con nosotros es siempre de consumo. De hecho, hay frases como: “En este momento no nos podemos permitir tanta inmigración”. En la oficina de extranjería tienes que certificar que eres un beneficio económico. ¡Y eso lo pone la ley, directamente! Que tú no puedes suponer una carga.

Uno de los requisitos de entrada al Estado español que marca la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre Derechos y Libertades de los Extranjeros en España y su Integración Social, también llamada Ley de Extranjería, es demostrar “los medios económicos suficientes para su sostenimiento durante el periodo de permanencia en España, o de estar en condiciones de obtenerlos, así como para el traslado a otro país o el retorno al de procedencia”.

Ú: –En 2008, la contribución de las mujeres migrantes a la natalidad de este país era la gran instrumentalización para la reproducción.

D: –Yo he escuchado a Pablo Iglesias diciendo que tenemos una población envejecida y está bien que venga población migrante porque es mano de obra joven y porque se reproducen. ¡Un imaginario en el cual se ve a la mujer racializada reproduciéndose como conejos! –expresa alterada Daniela.

–Pocos días antes del referéndum de autodeterminación de Catalunya, el pasado 1 de octubre, el Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes publicó un comunicado donde se autoinvitaban a formar parte del momento histórico que está viviendo Cataluña, ya que como dice el comunicado “nadie nos ha preguntado o invitado”.

D: –Y eso responde no solamente al hecho de que no eres considerado sujeto político porque no tienes acceso al voto. En época de elecciones, ya sea la izquierda o la derecha, en el debate sobre los derechos de las personas migrantes el interlocutor es el ciudadano blanco europeo que no es migrante. ¡Y nosotros nunca somos el interlocutor ni de la CUP, ni de Barcelona en Comú, ni de nadie!

Según establece la Constitución española (1978), por lo que refiere a los extranjeros que no pertenecen a la Unión Europea, sólamente tienen derecho a votar en las Elecciones Municipales y en las Elecciones a Órganos de Entidades Locales de Ámbito Territorial Inferior al Municipio (EATIM), los ciudadanos de países con llamados acuerdos de reciprocidad: Noruega, Ecuador, Nueva Zelanda, Colombia, Chile, Perú, Paraguay, Islandia, Bolivia, Cabo Verde, República de Corea y Trinidad y Tobago.

La Ley de Transitoriedad jurídica y fundacional de la república catalana de 2017 –anulada por el Tribunal Constitucional español– no contemplaba el derecho a voto para ninguna persona que no tuviese nacionalidad española, y establecía un plazo de cinco años para conseguir la nacionalidad catalana en una hipotética situación de independencia.

 

Daniela, Úrsula y Anna comentan y debaten sobre burocracia y leyes de inmigración © Claudia Frontino

 

–¿Entonces, qué papel juega en todo esto la izquierda?

D: –Es inaplicable el discurso sobre la clase social, o sobre la precariedad, que tiene la izquierda blanca con nosotros (migrantes). Tú puedes estar pagando tus impuestos 15 años, que después te ilegalicen porque perdiste el trabajo y a lo único que tienes derecho es a una deportación. Y todos esos impuestos que has pagado se los quedan ellos.

Entiendo que no tengan (los partidos de izquierda) el poder para cambiar eso pero no se atreven ni a visibilizarlo ni a cuestionarlo. Por ejemplo, no ver la Ley de extranjería como una herramienta del poder capitalista colonial para una subclase trabajadora que está por debajo de cualquier trabajador blanco, no ver eso quiere decir que hay racismo operando en tu cabeza.

Si hubiese algún partido que defendiera eso, habría muertos. Esta crítica que se le hace a la izquierda blanca no es para desvalijarla y decirle que es una mierda, ¡no! Es precisamente porque se le está apelando a decir: “Compas, tienen un problema de racismo fuerte, estas son las cosas que nosotros vemos que se podrían aprovechar para generar alianzas y trabajar juntos”.

–¿Hay algún colectivo con el que os sentís representadas?

D: –Con algún colectivo blanco europeo no. Los movimientos sociales de la izquierda blanca cuando hablan de migración solo hablan de derechos humanos porque están hablando de tu derecho a la vida, nada más.

Ú: –Yo estaba afiliada en algún partido aquí pero me salí porque nunca me sentí vista de igual a igual. No me sentía a gusto y no terminaba cambiando nada porque en muchos casos no se veía el tema del colonialismo. Aquí mucha gente se niega a discutir porque te dice “quién eres tú para decirlo”. Mira, yo no tengo un doctorado y todo lo que escribo es a partir de lo que leo y de mi experiencia. Estos últimos años aquí han sido como de quiebra, de ir saliendo de los espacios por no sentirme reconocida. Es un proceso doloroso.

–¿Os sentís identificadas con las movilizaciones de estos días en Cataluña?

Ú: –Siento que esa no es mi lucha. Yo llevo 15 años aquí y tengo derecho a votar. Mi primera manifestación fue contra la guerra de Irak en 2003 y toda la vida me he manifestado, pero en las manifestaciones que tengan que ver con el independentismo no me vas a ver.

D: –Claro –Daniela ahonda en la idea que plantea Úrsula–. Por ejemplo, si surge un movimiento del estilo 15M, ¿por qué me voy a poner a luchar allí? Son luchas principalmente para derechos que no me incumben porque yo (migrante) ni siquiera cuento en muchos de esos reclamos porque no tengo derecho a esos derechos que están pidiendo.

Ú: A mí lo que me ha asombrado es que cuando hubieron todos los recortes con la crisis, ¿cuánta gente éramos? En ese momento había mucha gente inmigrante en las calles. La gente de la derecha catalana que ahora están haciendo campaña en la escuelas por el discurso del adoctrinamiento son los que en su momento hicieron los recortes en educación. No me voy a ir detrás de una bandera y menos donde está toda la burguesía catalana.

D: –Yo tengo diferencias emocionales con Úrsula respecto al “procés” pero tampoco me iría a una manifestación. Sin embargo, entiendo la necesidad de construir ese espacio de la identidad propia. Ahora bien, creo que las primeras personas que se van a joder van a ser las personas migrantes y, en concreto, las latinoamericanas.

–¿Cuáles son los motivos?

D: –Porque hablamos castellano y estamos en una situación por debajo de ellos. Catalunya también es colona, que no se olvide. En la Ley de acogida del Parlament catalán, para el informe de arraigo que necesitas para renovar los papeles, se pide la exigencia de la lengua catalana. Se aprovechan de la falta de derechos del colectivo migrante para decir que rompemos la convivencia si no sabemos catalán, pero eso no se les exige a los migrantes europeos.

 

“Creo que las primeras personas que se van a joder van a ser las personas migrantes y, en concreto, las latinoamericanas”, dice Daniela opinando sobre el ‘procés’ © Claudia Frontino

 

–Hace poco Angela Davis estuvo en el CCCB dando la conferencia La revolución hoy y dijo: “El error cometido por el feminismo de corriente mayoritaria es el feminismo de techo de cristal”. Es decir, aquel feminismo que privilegia a aquellas que ya tienen otros privilegios. ¿Coinciden con ella?

Ú: –El racismo no forma parte de la agenda del feminismo de aquí (blanco). Hablan de sororidad construida de forma espontánea por el hecho de ser mujeres, luchan por sus derechos de ser mujeres, el aborto, la discriminación salarial, etc. Pero nos tenemos que preguntar: ¿A quién están considerando mujeres? Porque normalmente sólo consideran a las mujeres blancas.

Pasa lo mismo en relación a las políticas de género y de igualdad que hablan de igualdad entre hombres y mujeres; pero de nuevo: ¿de qué hombres y de qué mujeres hablan? Hay muchas mujeres blancas que están en situación de poder frente a muchos hombres racializados. Además, las mujeres migrantes siempre están culturizadas. Cuando se habla de ellas es para “hacer la comidilla tradicional”, –dice Úrsula con rintintín– , pero nunca están vistas como sujetos políticos.

–¿Cuándo se habla de sujeto oprimido mujer, también se habla desde la perspectiva del feminismo blanco?

Ú: –Hay una construcción en el feminismo que nace en Europa, que habla del sujeto mujer universal y que extiende ese sujeto a todas las mujeres del mundo, asumiendo que todas las mujeres están oprimidas por el patriarcado. Este feminismo nace con la ilustración y habla de mujeres de clase media, heterosexuales, blancas. Su discurso no considera otros contextos. A mi entender, no se puede hablar del concepto mujer sino se contextualiza.

–Maria Lugones, la filósofa argentina que acuña el término feminismo decolonial, habla de la “colonialidad del género”. ¿A qué se refiere?

Ú: –El concepto género se otorga a los hombres y mujeres (blancos) que llegaron de España y Europa porque los otros, bajo la categoría raza, se clasificaban entre humanos y no humanos. Esto se traslada a la actualidad cuando en las políticas de igualdad o los planes de intervención lo único que se tiene en cuenta es la violencia de género, y nada más.

–En tu artículo Violencias contra las mujeres inmigrantes: evidenciando la matriz del poder colonial precisamente hablas de que el discurso sobre la violencia machista en el caso de la migración esconde el resto de violencias…

Ú: –Sí, a lo que me refiero es que se silencian todas las otras violencias y sólo se quiere ver el género. De hecho estoy haciendo un estudio y, según mis cálculos, el 95% de la violencia que refiere a las mujeres migrantes es la institucional, y no la violencia que dicen todos los estudios profesionales, que lo miran con sus gafas de género. Todo el discurso oficial está orientado a las desigualdades por razones de género. Y además, cuando se habla de las violencias de género de las mujeres inmigrantes se habla de la relación de pareja. De nada más. Se da por supuesto que por el hecho de ser inmigrantes los hombres por naturaleza son violentos, borrachos, etc. Los hombres no se pueden escapar de esta construcción y las mujeres, por el otro lado, son construidas como víctimas. ¡Por supuesto que tiene que ser inmigrante, porque no existen españoles maltratadores! –dice Úrsula, riendo irónicamente.

También nos tenemos que plantear qué tipo de organización es, por ejemplo, Naciones Unidas, que es quién hace este discurso y lo expande por todo el mundo. En sus planes de liberación no hay nada de la historia de la colonización que hubo y la manera como sigue vigente.

–La abogada Kimberlé Crenshaw introdujo el término interseccionalidad en el 1989 en el texto Derribar los márgenes de la Intersección de la Raza y el Sexo, aunque hay mujeres como la esclava afroamericana estadounidense Sojourner Truth, en el año 1851, o la escritora peruana Clorinda Matto de Turner, en el 1899, que ya se referían a las intersecciones mucho antes. ¿Qué quiere decir que la lucha tiene que ser interseccional o no será?

Ú: –El término significa la manera como los distintos sistemas de opresión e identidades se entrelazan. No es una suma de factores de mujer + migrante + trabajadora. No, no, no –mueve la mano con firmeza–. Cuando ves a una mujer migrante no dices que es mujer y migrante, sino que lo lees conjuntamente. La interseccionalidad es como un cruce de carreteras y lo que dice Maria Lugones es que no se pueden separar. Ella plantea que el género es consecutivo con la raza y la clase, de manera que operan de manera conjunta cuando se habla de mujeres racializadas.

–Hablemos de otro concepto. ¿A qué se refieren las mujeres migrantes cuando hablan del estractivismo de los conocimientos?

Ú: –A que muchas mujeres feministas blancas se están apropiando de nuestros discursos.

D: –Sí, y al mismo tiempo, nos pasa que ellas (las mujeres blancas) nos niegan el espacio, te llaman violenta por usar el tema euroblanco, que es equivalente a latinoamericano, indígena, subsahariano, norteamericano, mestizo, etc. Unos términos que vienen impuestos desde el poder supremacista blanco, colonial y eurocéntrico y que responden a la lógica de siempre de estar nombrando desde Europa, de forma que te ubican en donde eres, para qué eres, y lo que eres. Ellos construyen tu realidad.

Toda la epistemología decolonial que usa la izquierda o el feminismo blanco (como colonialidad, decolonial, colonialismo, postcolonial, etc), en realidad son conceptos que vienen de las experiencias de los cuerpos racializados y del sur global –continúa su explicación Daniela–. Lo que se hace es abstraer este significado original de la palabra para que ellas (blancas) se pongan como sujetos oprimidos. A mi no me parece coherente usar una terminología que es necesaria para la lucha antirracista aquí.

Entonces nos encontramos en una lucha triple: no solamente la lucha de las violencias que tenemos por ser mujeres migrantes, sino también el tener que articular los términos y, una vez lo consigues, ponerlos encima de la mesa. Te cogen tus conceptos y los presentan a bombo y platillo, con otros significados y con sacarina.

 

Daniela y Úrsula explican cuál creen que es el papel de los movimientos feministas blancos para con las mujeres migrantes © Claudia Frontino

 

–¿Cuál creeis que debería ser el papel del feminismo blanco?

D: –Primero necesitan escuchar, creo.

Ú: –Y callar.

D: –Escuchar no desde la perspectiva de qué puedo extraer de esto para mí, sino de para que la violencia contra la población racializada migrante y la violencia colonial pare. Eso primero, después que existe una hipersensibilidad en todo simplemente por cuestionarlo.

U: –Yo flipo con el discurso del feminismo de aquí (blanco) porque en sus estudios hablan de que las mujeres migrantes cuando vienen aquí pasan una serie de dificultades pero que se empoderan porque aquí tienen autonomía (y antes no). ¡Perdona! Pero las mujeres desde el momento que deciden venir están mostrando una capacidad de decisión y de riesgo que ya quisieran tener muchas mujeres de aquí (blancas). Cuando nosotras llegamos aquí descendemos, no nos sirven ni los estudios ni nuestra profesión. No somos nadie.

D: –El feminismo blanco con las feministas racializadas del sur global tiene una lectura de “ustedes no han hecho un buen trabajo y por eso todavía siguen teniendo una ley que les prohíbe el aborto”.

No entienden que esas condiciones de opresión más duras que existen en el sur global se deben a un sistema colonial. Me parece super violenta esta visión como de “ustedes son ME-NOS fuertes y saben ME-NOS porque tienen ME-NOS derechos”, lo dicen sin darse cuenta de lo que la situación de privilegio como mujeres blancas europeas les ha permitido.

–¿Y ahora, qué?

Ú: –El diagnóstico ya lo sabemos. Y ahora tenemos el reto de pasar más allá pero se me hace complejo el cómo. De todas formas, cada uno está haciendo la lucha desde el momento en el que está situado y hay que respetarlo. Pero hay que construir alianzas sobre unos mínimos.

D: –El problema es encontrar los espacios donde discutir estos mínimos.

***

Son casi las ocho de la tarde y me despido de ellas, que todavía se quedan terminando su cerveza, y después de la conversación me viene a la mente el taller que Daniela ofreció en el Casal de Barri el Pou de la Figuera de Barcelona dentro del ciclo de CineMigrante, el pasado viernes 6 de octubre.

Para Daniela, ser conscientes del espacio que cada persona ocupa es fundamental para poder articular cualquier lucha: “Si nos organizamos para luchar contra el racismo institucional, la lucha será completamente diferente si se articula desde una posición de privilegio que si se hace desde una posición de persona racializada”, apuntaba Daniela, de pie, con su bebé recostado en el vientre.

Daniela hablaba del privilegio poniendo como ejemplo a dos autores que en sus obras hablan del ser y el no ser. Mientras que William Shakespeare se planteaba esta disyuntiva al inicio de su obra Hamlet (1600) con aquella manida frase, el escritor antillano Frantz Fanon (1921-1961), dentro de sus estudios poscoloniales, habla del ser y del no ser como una línea que divide el mundo. Para Fanon, en la línea del ser están los sujetos europeos blancos que tienen todos sus derechos cubiertos, mientras que en la línea del no ser se encuentran todas esas personas racializadas de las excolonias a las cuales las reglas del juego se las ha puesto Europa. Y Daniela se dispuso a ejemplificarlo:

–Que den un paso adelante las personas que tengan pasaporte europeo –lo doy.

–Que den dos pasos atrás las personas a las que les hayan pedido la documentación por la calle –no los doy.

–Que den un paso adelante las personas que tengan la tez blanca –lo doy.

–Que den un paso atrás las personas que tengan NIE –no lo doy.

Daniela nos pide que miremos a nuestro alrededor. Yo no tengo a nadie delante de mí. Miro a los lados y otras dos chicas (blancas y europeas, igual que yo) nos encontramos en la misma línea. Me doy la vuelta, miro atrás y veo el resto de personas del taller, que son migrantes y racializadas.

La línea de privilegio queda clara.

Como decía Franz Fannon: “eres blanco porque eres rico y eres rico porque eres blanco”.

 

Edición a cargo de Celia Castellano.
Edición fotográfica a cargo de Carles Palacio.

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