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15 días con Xavier García Albiol

— El PP ha cerrado una campaña con pocos mítines, en que sobre todo ha visitado mercados ambulantes y hoteles de lujo

— Después de seguirlo de cerca durante 15 días, el poder continúa siendo poder, pero es extrañamente normal, o al menos parece humano

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Una campaña electoral son dos semanas frenéticas en que los candidatos invaden nuestras vidas, muchas veces de manera abrumadora. Monopolizan los minutos de televisión y radio en programas e informativos, hacen actos en todo el territorio, sus fotografías empapelan las calles de pueblos y ciudades, disponen de espacios gratuitos de propaganda en los medios. Saber qué ocurre entre las bambalinas de una campaña ayuda mucho más a entender la política que las imágenes realizadas que ofrecen los propios partidos cuando se encienden los focos y se abren los micros en los mítines. Este dietario son las notas de 15 días siguiendo mañana, tarde y noche (siempre que hubiera convocatoria de prensa) al candidato del PP, Xavier García Albiol, para hacer la cobertura electoral para Radio Nacional de España, tanto para el emisora principal RNE como para la catalana Ràdio4.

Aparte de Albiol, todas las caras visibles del PP han pasado por Catalunya estas dos semanas, incluido Mariano Rajoy, y han provocado una cascada de escenas, conversaciones, confesiones y batallitas que no caben de ninguna manera en las crónicas de 35-50 segundos que la Junta Electoral Central establece para el PP en la radio pública estatal. Un tiempo calculado en proporción a sus 11 diputados en el Parlamento. Este es un intento de explicar cómo se vive desde dentro una campaña electoral. En este caso, en los comicios más extraños y trascendentes de los últimos años en Cataluña.

04 de diciembre. Sala Bikini, tocando la Diagonal. Acto inicial de campaña. Abrigos de piel y jerseys de punto. La gente se conoce, reina la distensión, la mayoría son militantes y trabajadores del partido. El atrezzo escogido para empezar la carrera electoral es un balcón con bandera catalana y española, estampa habitual en los barrios más acomodados y ahora, también, en los más periféricos de Barcelona y el área metropolitana. Intervienen la ministra de sanidad, Dolors Montserrat; la número 2 de la lista por Barcelona, Andrea Levy; y el candidato a la presidencia de la Generalitat, Xavier García Albiol. No hay birras gratis ni nada que se le parezca. El acto es el mismo espacio donde mi promoción celebró su graduación universitaria hace 4 años. En la cola para entrar, alguien está preocupado.

–¿Habrá que pagar entrada?
–Qué va, tío. Esto es gratis.

El lema escogido por el PP es “España es la solución”.

05 de diciembre. Hotel NH de Rambla Cataluña, Barcelona. Desayuno caro. Zumo de naranja de color vivo, agua mineral en botella de vidrio. Organiza la Junta de Empresarios de Catalunya y su presidente, Josep Bou, hace un discurso en que loa con pasión a “Mariano Rajoy”. Albiol promete rebajar el IRPF, el impuesto de donaciones, el impuesto de sucesiones y el impuesto de sociedades para “reincentivar la economía catalana que han destrozado los independentistas”. Mucha corbata, incluidos Albiol y Enric Millo, delegado del Gobierno español en Catalunya, que le acompaña. También está Alberto Fernández-Díaz, presidente del grupo municipal del PP en el Ayuntamiento de Barcelona, que siempre, siempre está. El PP ha decidido que ofrecerá un turno de preguntas abiertas a los empresarios (no a la prensa). Estas son algunas de las intervenciones:

–No entiendo mucho de leyes pero, si el independentismo es un problema, ¿por qué no se prohíbe promover la independencia y así queda todo solucionado?

–Estoy en contra de los paraísos fiscales pero Cataluña es un infierno fiscal. No podemos vivir en un infierno fiscal.

–Parece que los empresarios nos dedicamos sólo a chupar la sangre a las personas, que somos malos; y no es verdad. Nos dedicamos a dar trabajo a muchas personas.

Presidente Bou: –Recuerdo un día en que me reuní con Xavi en Badalona. Una trabajadora me quiso abrir la puerta y yo quise abrirla solo, le dije que no se preocupara, que no me hacía falta ayuda, pero charlé con ella. A mí me interesa mucho hablar con los trabajadores, es muy interesante y hay que saber sus anhelos. La mujer era militante del PSC y, con muy buen criterio, votó a Albiol porque lo veía fiable, sabía que era un buen gestor.

Por la tarde, el cabeza de lista del PP tiene un acto en un centro cultural gallego en el barrio de Vilapicina, Barcelona. Jamones colgados del techo, trofeos de torneos de dominó, empanadas tras el cristal del mostrador. Contraste total con la mañana: Vilapicina se encuentra en la frontera entre los distritos de Horta-Guinardó y Nou Barris. Algún periodista se pone en plan graciosillo: “¿Esto todavía es Barcelona?”. El público son abuelas y abuelos adorables, nos dan empanadas gallegas para comer y se preocupan mucho por acogernos bien. A uno le suena el móvil mientras habla el presidente de Galicia, Alberto Núñez-Feijoó (primera muestra del calor del PP estatal a su candidato), y todo el mundo ríe: suena Paquito el Chocolatero. Después, a otro hombre le suena una especie de gaita infernal cuando le llaman. Albiol aquí no habla de bajar impuestos sino que avisa que los independentistas “ponen en riesgo las pensiones”.

06 de diciembre. Albiol está resfriado. Se encuentra con Miquel Iceta, candidato del PSC a la presidencia de la Generalitat, en los estudios de RNE por la mañana y se saludan con un “¿cómo lo llevas?”. Palabras cordiales. Luego, durante el día, el líder del PP hará varias referencias a Iceta acusándole de blando y de querer pactar con ERC y “Podemos”. Después, toca ir a una manifestación a favor de la Constitución, tal y como corresponde al día 6 de diciembre. Una señora ve mi micro de RNE, y me dice, amablemente: “A ver si nos ayudas un poco”. Otro manifestante, después de verme hablando con un redactor de TV3, me dice que “no deberías hablar con ellos, porque son malos”. Me cuenta que antes miraba el fútbol en TV3 pero que ahora, ni eso. “A mí no me van a adoctrinar”. Me asegura que sólo mira TVE y escucha RNE, y le pregunto si le suena mi voz, si alguna vez me ha escuchado. Dice que no pero que a partir de ahora se fijará mucho. Otro hombre está muy contento: le ha hecho una foto a Andrea Levy y cree que sale muy guapa. “Ojalá se la pudiera enviar”. Se nota que Albiol está muy resfriado. Por la tarde, nos dicen que es baja por su acto en Sant Boi de Llobregat.

El candidato tiene cierta debilidad por los mercados ambulantes, y es normal: se le da mucho mejor la calle que los atriles y tiene más facilidad para hablar con la gente que le saluda que para hacer discursos

07 de diciembre. El Prat de Llobregat. Albiol está acompañado del presidente del PP andaluz, Juanma Moreno. Es el único candidato que todavía no ha salido de la provincia de Barcelona. Pasea y se hace selfies por un mercadillo típico del domingo (a pesar de ser jueves), muy parecido al que veía yo en Ciutat Meridiana cuando cogía el tren para ir a la UAB. Camisas, calzoncillos, sábanas, abrigos, aparatos electrónicos, gritos de los vendedores para atraer al público. Un mercadillo al aire libre, a 6 grados, en el barrio de San Cosme. Moreno habla de la fraternidad entre andaluces y catalanes, y recuerda que Andalucía ha ayudado a crear la Catalunya actual, la que ahora los independentistas quieren separar de España. Albiol saluda a gente mayor en el mercado pero la mayoría no entiende por qué hay tanto movimiento. “¡Debe de ser alguien famoso! Ya lo veremos en la tele”.

El candidato tiene cierta debilidad por los mercados ambulantes, y es normal: se le da mucho mejor la calle que los atriles y tiene más facilidad para hablar con gente que le viene a buscar que para hacer discursos. Volvemos a subir al autocar que el partido habilita para la prensa, el famoso autobús de campaña; preparo las crónicas del mediodía (me tocan sólo 40 segundos, el tiempo justo para dar paso a un corte de voz y recoger) y salgo a fuera a grabar para que no se oiga el ruido del motor del autocar. Me siento en el suelo y pasan dos mujeres de mediana edad que vuelven a preocuparse por mí: “¡Mira! ¡Radio Nacional de España! ¡Y pasando frío! Por Diós, ponte a la vuelta de la esquina que aquí hay menos aire”.

Después de este paseo por San Cosme, Albiol no tiene nada más hasta el debate de RTVE a las 22:30, en que aparecerá con un lazo con la bandera de España que rivaliza con el lazo amarillo de apoyo a los presos políticos. El candidato dice que no está preocupado por las dos encuestas que han salido los últimos días, que lo sitúan como última fuerza política en el Parlamento con 5-7 escaños. Son las primeras que auguran que Ciudadanos ganará en votos y se acercará mucho en diputados a ERC y Junts por Catalunya.

 

Rajoy se marcó un tanto acercándose a hablar con los periodistas en Badalona. © Oriol Soler

 

08 de diciembre. Primer acto con Rajoy, en Lleida. En el bus de prensa (hora y media de trayecto) se habla de las primas para cubrir las elecciones, de las condiciones de trabajo, de compañeros de promoción y de batallitas en general. Especial atención por los atentados del 17 de agosto en Barcelona y Cambrils, y por el septiembre-octubre político convulso, que nos ha pasado un poco de factura a la salud emocional y psicológica de todos. Llegamos a la capital del Segrià, hace mucho frío y toca acreditarse a parte porque al acto asiste el presidente del gobierno. Cosas de la España radial, porque todos tenemos ya acreditación para toda la campaña electoral. Nos revisan mochilas y material al por menor, muy al detalle, uno por uno y todos los bolsillos de todas partes.

Nos meten en una sala desde donde, a través de un vidrio, veremos el almuerzo con Rajoy, Albiol, Monserrat y Santi Rodríguez, secretario general del PPC, en una mesa redonda. Es un poco extraño ver a unos 30 periodistas mirando y haciendo fotos desde un cristal a un grupo de gente que come. Rajoy hace un canutazo [hace una declaración ante los medios y atiende alguna pregunta] nada más llegar al Teatro La Llotja, donde habla sobre el Brexit. Las de prensa del PP estatal piden a Pablo Montesinos, estrella de Libertad Digital que sale mucho en La Sexta y que siempre pregunta en las ruedas de prensa de los consejos de ministros, que grabe las declaraciones. Le dicen que él puede, que es “alto y guapo” y que tienen suerte de él. Un chico joven se hace un selfie con el presidente y le felicita por su trabajo. Un compañero de una agencia de noticias se gira y me mira cómplice; hablamos de Rajoy, me cuenta que él es gallego y que una vez se lo encontró en un bar en medio de una ruta senderista fumando un puro a las 10 de la mañana. Cuando terminan las declaraciones, todos a currar, que la comparecencia ha sido a las 13:55h, poco antes de que empiecen todos los informativos de tele y radio.

La comida termina en fiesta: es el cumpleaños de Albiol y le hacen un vídeo con ministros y peces gordos del PP felicitándole por sus 50 años. Como el vídeo que todos haríamos a nuestros padres pero con Rajoy, Sáenz de Santamaría, de Guindos, Ana Pastor, Montoro, Moragas, Cospedal y el resto del clan. Albiol agradece celebrar los 50 años con un presidente del gobierno después de soplar las velas. Mientras ellos comen entablados tras el cristal, nosotros tenemos bocadillos de jamón y una manzana.

09 de diciembre. Sant Sadurní d’Anoia. En la sede de Freixenet (que finalmente no ha trasladado su sede social) y Codorniu, Albiol aprovecha para comparar el cava con el 155. Ambos, según él, cohesionan. El acto tiene lugar en un restaurante del centro del pueblo. “Joder, vaya lío han montado”, dice un comensal, asustado. Reciben a la ministra de sanidad, Dolors Montserrat, con carteles de “muy grata”, después de que la CUP propusiese al Ayuntamiento de Sant Sadurní declararla persona non grata. La iniciativa no salió adelante gracias a ERC, que gobierna en el municipio. A su mitin, entre calçots y cordero a la brasa, Montserrat acusa a los independentistas de totalitarios y sectarios. Hace un discurso con una mezcla de catalán con construcciones castellanas y castellano con acento catalán, muy enérgico. En el plato de los comensales, hay una papeleta con el sobre del PP, una pulsera de La Cataluña Valiente (que ahora puede convertirse en lazo) y un polvorón del PP. Después, comen calçots. A los de prensa nos cae sólo una copa de cava. Comeremos al volver a Barcelona, a las 16h. Nos dejan libre la tarde del domingo, y a Albiol también.

10 de diciembre. L’Hospitalet de Llobregat. La carpa del PP está justo al lado de la de ERC. Tomamos un café antes del acto en un bar de la Florida y un hombre con un globo de Ciudadanos sentado en la mesa de al lado dice en voz muy alta que “si me encuentro a las bolleras, guarras, asquerosas de la CUP, que huelen a sobaco, las mato a puñetazos”. Tras este moderado, que està en minoría, por suerte, empieza el acto de Albiol. Un hombre que estaba en la carpa de ERC se indigna: “Este ha mirado hoy dónde está L’Hospitalet, no sabía ni que existía. ¡No tiene ni idea de quienes somos! ¡Es un pamplinas!”. Uno de los simpatizantes de Albiol se le encara y le dice que él se siente español y ha ayudado más que nadie a construir Catalunya. Ambos tienen pinta de jubilados. Uno clarea por la coronilla y el otro lleva boina y gafas. La cosa no va a más pero se gritan un buen rato y alguien avisa a los Mossos. Ellos dicen que “está bien, es un acto político, es normal que la gente discuta”. A su alrededor, piden calma y tranquilidad. Por cierto: el acto se hace en la calle Albiol, justo frente al Mercado de los Pajaritos, donde se venden periquitos (ilegalmente, porque una ley prohibió hacerlo hace unos años) pero también ollas, sartenes, bragas y todo lo que nos podamos imaginar. Albiol ha visitado al menos cinco mercadillos en la primera semana de campaña.

Los periodistas ya nos reímos entre dientes cuando habla de restauradores, hoteleros y taxistas, gremios que siempre cita a la vez y a los que evidentemente quiere dirigirse explícitamente porque resultan una bolsa de votantes relevante

Albiol y Javier Maroto, diputado del PP en Álava, pasean por el mercado y el candidato del PP a la Generalitat se interesa por el precio de estos pájaros pero, por suerte (hubiera metido la pata innecesariamente), no lo llega a comprar. Le dice al vendedor que no lo podría alimentar durante las semanas de campaña porque casi no pasa por casa. En sus declaraciones, alaba a la gente que llegó a Catalunya en los años 60 y que la ha construido con sus manos. Un día más, carga contra Ciudadanos pero, a la vez, recuerda a Arrimadas y Rivera que deberán pactar. Como cada día, Albiol lleva hojas con las directrices mediáticas de la jornada para marcar agenda y perfil en esta campaña en la que está teniendo poco protagonismo. Los periodistas ya nos reímos entre dientes cuando habla de restauradores, hoteleros y taxistas, gremios que siempre cita a la vez y a los que evidentemente quiere dirigirse explícitamente porque resultan una bolsa de votantes relevante.

11 de diciembre. Acto en Terrassa. El PP redacta un contrato de compromiso con los catalanes basado, sobre todo, en que sólo pactarán con C’s y PSC. En el acto de hoy, hay 10 votantes y unos 20-25 periodistas: todo es para la prensa. Al acabar, Albiol se nos acerca a los periodistas para hablar con nosotros un rato; es la primera vez que lo hace desde que comenzó la campaña. Dice que se ha automedicado para curarse el resfriado, que ha remontado gracias a que el marido de una militante, que es coronel del ejército, le ha dado las pastillas que se toman los soldados. Dice que la caja ya indica que son pastillas del ministerio de defensa de la farmacia del ejército y que son mano de santo. Nos pregunta si estamos trabajando a gusto, se interesa por cómo estamos viviendo la campaña. Algunos compañeros aprovechan para hacerle preguntas personales para hacer los perfiles del candidato (dirá que le gusta la música de Enrique Iglesias, que en el cine se decanta por El Cazador y que no ve series, que hace unos años vio algunos capítulos de CSI pero poco más). No hace distinciones entre medios ni periodistas, pregunta y escucha a todos y responde desenfadado.

 

La diferencia de altura entre Albiol y Sáenz de Santamaría ha dado pie a algunos momentos cómicos que la propia vicepresidenta ha utilizado para bromear. © Oriol Soler

 

Por la tarde, entra en campaña la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, que comparece tras una reunión con gente del sector de la restauración y la hostelería (faltarían los taxistas para completar el triunvirato de oro que Albiol cita cada día para referirse a los “problemas reales” de los catalanes). Los seguratas que me revisan la mochila encuentran un trozo de fuet dentro del papel de aluminio en uno de los típicos bolsillos olvidados y se parten el culo. “Esto es para esconder los porros”, dicen riendo. Cuando llego, el responsable de prensa les dice a los miembros de seguridad: “Tranquilos, este es el de Radio Nacional, no hay problema”, y yo no sé qué decir ni qué cara poner, aunque después no ponen dificultades a ningún compañero de ningún otro medio. La vicepresidenta nos hace esperar tres horas en una sala para hacer una intervención de menos de 10 minutos. Primeros momentos de cansancio mental después de 8 días seguidos currando; y no estamos ni a la mitad de la campaña. Me pregunto cuántos días seguidos puedo aguantar escuchando los mismos discursos repetidos dos o tres veces al día. Los periodistas que seguimos su campaña estamos un poco desesperados porque tenemos la sensación de poner cada día los mismos cortes de voz. Yo he de llenar 10 bloques electorales cada día: 5 por RNE y 5 por Ràdio4. Y la sensación de bucle es pesada.

12 de diciembre. Mañana en la agencia EFE, rueda de prensa. Por primera vez después de 9 días perseguiéndolo por toda Catalunya, hago una pregunta a Albiol y deletreo mentalmente las palabras “periodismo”, “bloque electoral” y “Oriol Soler”, más o menos por este orden. Nuestro candidato está resfriado de nuevo y, después de responder a nuestras preguntas, nos cuenta que el acto previsto para mañana con Rajoy ha tenido que suspenderse porque alguien de prensa del PP envió por error un mail a todos los medios con el minuto a minuto de donde iría el presidente, y por motivos de seguridad se ha anulado. “Era un acto muy chulo, por primera vez se vería a Rajoy en un mercadillo con bragas y toallas, no lo ha hecho nunca antes, y lo hacíamos en Llefià. Es una lástima”, nos dice después. Se le nota que le ilusionaba de verdad y que le encantaría ver esta imagen del presidente del gobierno en su terreno, en la calle, y en su casa, Badalona. Confiesa a los periodistas que él no tiene mucho que decir en los actos de campaña. Asegura que es como un balón rebotando de un lugar a otro; y pregunta a Leyre, responsable de prensa de su partido, qué toca hoy por la tarde, porque no lo sabe. El destino es Sabadell pero antes pasará por Gavà (sin convocatoria para los medios). Se nota que lleva varias campañas en la espalda y que está acostumbrado, aunque ésta sea la más extraña de todas.

Cualquiera que no esté acostumbrado, por muy crítico que sea, se pone recto cuando habla con un presidente del gobierno

13 de diciembre. Santa Coloma de Gramenet. Albiol llega y, antes de hacer declaraciones, nos dice que irá rápido porque Rajoy vendrá “de sorpresa” a Badalona para inaugurar la nueva sede del partido. Todo el mundo se vuelve loco, gente corriendo, prisas. Subimos al bus de prensa y vamos para allá. Estamos como anchoas, llega Rajoy y atiende a los periodistas. Todos los simpatizantes se quedan fuera escuchándolo por los altavoces. Albiol ha conseguido la caminata de Rajoy entre bragas y sostenes que tanto deseaba por la ciudad donde él fue alcalde y reelegido con 4.000 votos más (como le gusta recordar en los mitines), pero apartado del gobierno debido a un pacto de izquierdas.

Durante el paseo de Rajoy, se oyen gritos de “chorizo” y de “¡presidente!”. Cuando termina su mitin en la sede del PP de Badalona, se acerca a la mesa de prensa y nos coge a todos un poco desprevenidos. Pide perdón por haberlo hecho todo a última hora y nos pregunta si estamos bien. Nos cuenta que no estará los tres últimos días de campaña seguidos en Cataluña porque tiene que recibir en La Moncloa al presidente ecuatoriano, Rafael Correa. Es un minuto y medio de conversación con una naturalidad muy extraña, el tono es como si hablara del tiempo y nos está explicando que tiene que ir a una reunión diplomática de primer nivel. Su equipo de seguridad ayuda a que seamos conscientes de que no estamos hablando con el tío simpático del pueblo. Nadie lo esperaba y se ha marcado un pequeño tanto. Cualquiera que no esté acostumbrado, por muy crítico que sea, se pone recto cuando habla con un presidente del gobierno.

14 de diciembre. También hay días en que no pasa nada. Hemos escuchado tres veces el mismo discurso y estamos todos un poco hartos. Salta la noticia de que los Mossos podrían haber investigado a Albiol o a Millo. No nos lo puede confirmar. Tampoco nos lo puede demostrar. Nos convocan a una rueda de prensa de urgencia. Todo el mundo tiene sueño.

15 de diciembre. Acto con Adolfo Suárez, hijo, y Pablo Casado, vicesecretario general de Comunicación del PP. Loan la cultura de pacto de la transición y reivindican el espíritu de la Constitución. Suárez parece más viejo de lo que nunca pareció su padre. Casado elogia la figura de su padre, el legado de su padre, la “gallardía” de su padre, el valor de su padre… El acto se lleva a cabo justo encima del Salón del Tinell, donde precisamente se selló el pacto del primer tripartito de izquierdas de Catalunya que expulsó del gobierno a Convergència i Unió. Suárez, Casado y Albiol remarcan este momento como el inicio de la confrontación pero tampoco lo argumentan demasiado. Acto sin preguntas, uno más. Al PP ya le queda menos de una semana para revertir las encuestas y mañana desembarcará toda la maquinaria estatal para intentarlo.

Por la tarde, vamos a un acto con Cáritas en Badalona. Albiol viene a hablar de nuevo con los periodistas. Se muestra seguro de que no sacará menos de 10 escaños y que podrán repetir resultado. Bromea con nosotros: “Quite la silla a la de TV3”, dice, socarrón. Nos pregunta cómo titulamos; le decimos que todos destacamos que ha pedido movilizar el voto para que el PP no quede por detrás la CUP. Pide que demos bola al tema social, ya que ha hecho este acto con Cáritas y ha presentado una batería de medidas. Evidentemente, sólo la nota de prensa del partido titula en este sentido.

16 de diciembre. El día comienza en el Hotel Grand Marina del puerto de Barcelona, con la ministra María Dolores de Cospedal y el ex primer ministro francés, Manuel Valls, que dos horas después pedirá el voto para Inés Arrimadas en un acto de Ciudadanos. Al terminar, Albiol sube al bus de prensa para hacer el trayecto Barcelona-Girona y suelta unas cuantas perlas que podrían abrir portadas en todos los periódicos pero que son off the record y los periodistas no podemos publicar. En el tú a tú, es extraordinariamente cercano y, al tiempo, fiel a su imagen de ala dura del PP. Cuando termina, viene Leyre, de prensa del partido: “Todo, todo lo que ha dicho es off the record. ¡Todo!”. Después, Albiol nos hace un pequeño truco de magia, aquel en que el mago adivina el número que has apuntado en un papelito. El número en cuestión, acertado por el “mago Albiol”, era el 19. Curiosamente, el máximo número de parlamentarios conseguidos por el PP catalán, en tiempo de Alicia Sánchez-Camacho.

Llegamos a Girona, donde se celebra una comida-mitin en el restaurante Bo d Bo, que daba de comer a la Policía Nacional durante el despliegue del 1 de octubre cuando otros establecimientos se negaban.

 

Periodistas de la caravana del PP trabajando en una sede de Cáritas en Badalona, donde las Nuevas Generaciones del partido hicieron una entrega solidaria de alimentos. © Oriol Soler

 

A los periodistas, nos toca comer bocadillos. Cuando un chico de prensa del PP cede su lomo con queso a la redactora de El Periódico, otro encargado de prensa dice que es “como tiene que ser: educado, caballero y español”. Levanta aplausos entre los comensales que se sientan al lado de nuestra mesa, simpatizantes y militantes del partido.

Después de comer, Albiol interviene y habla de Mari Ángeles Olmedo, la número 1 por la circunscripción de Girona, donde el PP se disputa su único escaño con ERC y la CUP:

–Un día le dije “Ángeles” y me dijo: “¡No! ¡Me llamo Mari Ángeles!”. Esto demuestra que es una mujer con personalidad que, si hay que hacerlo, corrige a su presidente.

La vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría sale a hablar y lo hace después de comer, con mucho empuje y muchas ganas. Hace las declaraciones más incendiarias de la campaña y las que marcarán el tempo durante los dos próximos días, ya que el PDeCAT las llevará a la fiscalía: “Mariano Rajoy y el PP han descabezado a los partidos independentistas”.

17 de diciembre. Salou. Primer acto de gran formato, con 700 personas. Los que revisan mochilas ponen una pegatina con la letra Ñ a quien ya han revisado. “La Ñ de España es la letra más bonita del abecedario”, dice uno. Hay más de 50 periodistas, algunos extranjeros. Vuelve a venir la estrella Pablo Montesinos, pero llega tarde y se enfada porque no encuentra lugar hasta después de un rato. Ironías de la vida: al de Libertad Digital le toca sentarse junto al redactor del Nació Digital.

Abre el acto Alejandro Fernández, cabeza de lista por esta circunscripción. Defiende un modelo de turismo para ser líderes en Europa con Ferrari Land y Port Aventura como símbolos. Rajoy avisa que todo el mundo ya sabe que el 155 se puede activar y desactivar. Albiol, a tenor de lo que dijo ayer Sáenz de Santamaría, dice que es gracias a Rajoy que Puigdemont esté a 1.000 km de Catalunya. Ya se huele el final de la campaña. En el bus de vuelta de Girona, los periodistas miramos varias veces el vídeo de las declaraciones de ayer de Sáenz de Santamaría en que informaba que el Diplocat ahora se llama “Diplocat en liquidació”.

18 de diciembre. Vamos a Foment del Treball, donde el presidente Gay de Montellà ha recibido al ministro de economía, Luís de Guindos, y a Albiol. En los pasillos del edificio hay frescos con retratos de los presidentes de la patronal desde tiempos inmemoriales. Comparecen en la biblioteca, que está a rebosar de medios y llena de libros viejos. Por la noche, más dosis de coches negros tintados en un hotel de la zona alta de Barcelona. Rajoy, omnipresente en la recta final, levanta el público reivindicando la unidad de España. Llevamos varios días siguiendo los mitines desde salas adjuntas, mirando a un plasma. No podemos hacer preguntas. Ningún político se acerca a hablar con nosotros.

19 de diciembre. Último día de campaña y último viaje en el bus. Vamos a Girona, única circunscripción electoral que Rajoy aún no ha visitado. Lo acompaña una comitiva de hombres altos con un auricular en la oreja que hablan de él como “el jefe”. Nos hemos acostumbrado a que nos revisen mochilas y a las colas interminables para acreditarnos. Por la tarde, fiesta final de campaña en la Fira de Barcelona. Unas 1.000 personas aplauden los discursos que llevamos oyendo durante dos semanas. Los militantes han pagado 25 euros por una cena-mitin donde comerán cóctel de gambas, redondo de ternera y los ya míticos polvorones del PP. Una simpatizante del PP ha acudido al acto con el pelo teñido de un amarillo muy llamativo, lo que quizás es un mal presagio de cara al día 21 para los populares. Rajoy apela al voto útil y recuerda que él convocó estas elecciones. Albiol recuerda que Oriol Junqueras está en prisión y Carles Puigdemont, a 1.000 kilómetros.

Se apagan los focos y la sintonía del PP, tan pegajosa, también.

Han sido dos semanas de mercados ambulantes, de pasar frío, de oir la tos de Albiol por los auriculares de la grabadora. De pasar controles infinitos y de ver militantes del PP comiendo a gusto, de calcular segundos para cuadrar las crónicas y no infringir las asignaciones de los bloques electorales. De trabajar en salas de hoteles caros donde el agua se sirve en grandes botellas de vidrio pero comer un triste bocadillo. De entender que el poder, cuando lo tienes delante, sigue siendo poder pero es extrañamente normal y cercano. O al menos, humano.

 

Edición a cargo de Gerardo Santos
Edición fotográfica a cargo de Carles Palacio
Traducido al castellano por Gerardo Santos
Corrección a cargo de Helena Roura

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